La fábula y el refranero

Ya Ramón de Campoamor señaló: «En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira».

Ahora resulta que ni Convergencia se trasmutó en el PDeCAT, ni Mas se vistió de lagarterana convergente, ni Jordi Turull, ostentó cargos en CDC desde los años noventa, ni fue nombrado portavoz parlamentario en funciones por el propio Oriol Pujol, ni Carles Puigdemont, fue fundador de la Joventut gerundense de CDC en los primeros años del ochenta. Todo es una fábula, que según el diccionario de la RAE, en sus acepciones quinta y sexta es: “Relación falsa, mentirosa, de pura invención. Ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad”.

La fábula puede también servir de proceso educativo para enseñar valores de tipo ético, pero mucho nos tememos que algunos, bastantes, políticos catalanes viendo sus actos solo desean la fábula para alterar la verdad más palpable. Lo triste es ver como miles les siguen, llevando al caos a Cataluña. Los pueblos también se equivocan, recuérdese de como muchos alemanes creyeron en los mil años de gloria del Tercer Reich.

A veces la realidad es más terca que la ilusión y la sabiduría popular a través de su refranero nos indica lo triste de la condición humana.

Cuesta entender que una persona como Mas, un político de largo recorrido, amantado en las ubres ideológicas del considerado padre de la Cataluña autonómica, nacida al calor del restablecimiento de la democracia en España, aceptara en su momento que un partido antisistema, cuya ideología es la destrucción y el quebrantamiento de todos los principios que el partido de Pujol y Mas defendían, aceptara hacerse a un lado y tuviera la feliz idea de poner en su lugar a cuidarle el chiringuito a un personaje totalmente desconocido en la política catalana.

Personaje del que dijo lo siguiente el analista político José Oneto: “Hace dos años, Carles Puigdemont era un periodista que se había convertido, casi por casualidad, en alcalde de Gerona”.

¿Quién diría hace dos años que ese desconocido político se apoderaría de la bandera de enganche de Convergencia, ahora de “Junts per Catalunya” que arramblaría con todo el partido, que haría una lista a su imagen y semejanza y obligaría a tirar la toalla a Mas, a aquel que le dio la oportunidad de tener sus quince minutos de gloria y que dio ejemplo de especial virtud moral, huyendo y dejando en la estacada a sus copartidarios.

Y encima ahora está imponiendo a la sociedad catalana, que le ha votado, superando a la tradicional ERC, el ser nombrado de nuevo presidente de la Generalidad de Cataluña, estando fuera de ese país, de ese territorio que tanto dice que ama y desea estar en él pero que no pisa por cobardía.

El refranero es claro. “Cría cuervos que te sacaran los ojos”,

Hay que aceptar como se dice en El cantar del mío Cid, nuestra primera gran obra literaria: “Cosas veredes, el Cid, que farán fablar las piedras”. Madre del amor hermoso en lo que se ha convertido Cataluña.

Por Luis Fernando Valero

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