Cada uno de nosotros, aficionados pericos, somos el Espanyol, porque somos nosotros los que le damos vida. Desde el añorado y viejo estadio de Sarrià hasta nuestra actual casa en Cornellà ha habido varias generaciones de pericos que han forjado el sentimiento blanquiazul a base de lucha y mucho amor.
En las temporadas pre-pandemia, en las que la grada tenía un buen aspecto en contadas ocasiones, metíamos a menudo más de 25.000 aficionados partido tras partido. Por no hablar que en Segunda estamos en cifras cercanas a los veinte mil espectadores. En Sarrià una asistencia así era una gran entrada.
Y esta temporada ya llevamos más de 30.000 abonados y 35.000 socios, y hemos metido más de 25.000 espectadores jugando un lunes, y un martes. Es algo increíble. La grada vibra, desde el agónico gol de Puado contra el Valencia, como con la gran remontada contra el Atlético. La comunión entre la hinchada y el terreno de juego es total.
A pesar de los dos últimos descensos seguimos vivitos y coleando, y luchando, porque somos incansables. Es marca de la casa el no rendirnos jamás, y no dejar nunca solo a nuestro equipo. Y no olvidemos que todos podemos hacer cosas sencillas para que el Mágico Espanyol sea más fuerte. No se trata de dedicar tu vida al sentimiento perico y descuidar a tu familia o a tu trabajo.
La cuestión es escoger aquellas acciones que uno puede realizar. Desde llevar una camiseta del RCDE a la escuela, a crear un foro en redes de debate perico, a organizar charlas en tu barrio sobre el sentimiento perico o a apoyar el sentimiento blanquiazul en redes sociales, con mensajes positivos. Solo hay que darle a la imaginación, tener tiempo y ponerle ganas.
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