La política española vuelve a quedar supeditada a las urgencias de los socios independentistas de Pedro Sánchez. Horas antes del encuentro clave entre el presidente del Gobierno y Oriol Junqueras, Junts per Catalunya ha marcado sus líneas rojas con contundencia. La formación de Carles Puigdemont no está dispuesta a permitir que el PSOE rebaje las expectativas de una «financiación singular»(expolio separatista en realidad) que, según ellos, debe ser un concierto económico pleno.
Míriam Nogueras y Mònica Sales han comparecido para lanzar un aviso directo tanto a la Moncloa como a la sede de Esquerra Republicana. Para Junts, cualquier acuerdo que no otorgue a Cataluña el control total de sus recursos será considerado una traición. La formación postconvergente recuerda que el pacto que llevó a Salvador Illa a la Generalitat hablaba de un modelo de soberanía fiscal que ahora no puede quedar en papel mojado.
El tono de la rueda de prensa en la sede de Junts refleja la tensión de una legislatura que camina sobre el alambre. Las líderes independentistas han instado a Junqueras a no ceder ante las presiones del socialismo español. Para Nogueras, aceptar menos de lo pactado en la investidura de Illa invalidaría cualquier apoyo parlamentario en Madrid. El mensaje es claro: sin la «llave de la caja», no habrá estabilidad para el Ejecutivo de Sánchez.
La crítica a la gestión del PSOE es evidente en el discurso de Junts, que acusa a los socialistas de intentar maquillar una reforma insuficiente. Según la formación independentista, recaudar impuestos para luego enviarlos a la caja común del Estado es actuar como una simple «gestoría». Esta visión choca frontalmente con la solidaridad interterritorial que, al menos en teoría, debería defender un Gobierno que se autodefine como progresista.
La exigencia de Junts incluye también la publicación de las balanzas fiscales, un compromiso que emana del Acuerdo de Bruselas. Consideran que negociar a ciegas sobre el déficit fiscal de Cataluña sería un «fraude» para los ciudadanos. Esta insistencia pone a Sánchez en una posición delicada, ya que la transparencia en los flujos financieros entre el Estado y las comunidades suele generar incendios políticos en el resto de España.
Por otro lado, la presión sobre Oriol Junqueras es máxima. Junts busca retratar a ERC como un socio dócil ante el socialismo si finalmente aceptan un modelo de financiación descafeinado. Nogueras ha recordado que el propio Junqueras calificó como «fracaso» cualquier escenario que no pasara por un concierto económico similar al vasco. La pugna por la hegemonía en el espacio separatista sigue condicionando la gobernabilidad del país.
La reunión entre Sánchez y Junqueras de este jueves se produce así en un clima de desconfianza mutua y vigilancia extrema. El presidente del Gobierno sabe que cada concesión a ERC será fiscalizada y, probablemente, rechazada por Junts si no es lo suficientemente radical. Esta subasta permanente de competencias y recursos públicos es el precio que el PSOE parece dispuesto a pagar por mantenerse en el poder.
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