
El ex diputado del PSC Joan Ferran ha presentado este lunes en Madrid, en el Centro Cultural Blanquerna, su libro ‘El complot de los desnortados’ (Ediciones Hildy), un dietario que comienza el 1 de marzo de 2018 y acaba con el pacto entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.
Esta obra tiene como eje la visión que Ferran tiene sobre el proceso secesionista, y analiza los hechos transcurridos en este período. Ferran ha estado arropado por Manuel Valls, ex primer ministro francés y líder de Barcelona pel canvi; la periodista de Esradio Carmen Carbonell y el editor de la obra, Sergio Fidalgo. También acudió la diputada socialista en el Congreso Lidia Guinart y representantes de Societat Civil Catalana de la agrupación de Madrid, de Societat Civil Navarra y del Foro España.
Carbonell ejerció de maestra de ceremonias e introdujo a cada uno de los ponentes, y comentó algunos pasajes del libro. Valls definió a Ferran como «un intelectual» y «un hombre libre con convicciones socialistas». Y relató que «descubro leyendo el libro el miedo que suscita mi proyecto en el PSC, que no lo ven positivo y preparan argumentos en mi contra».
Y ha admitido que tentó a Ferran para su lista municipal para Barcelona y ha destacado que es un «hombre libre y no sectario»
También insistió en que el diálogo con las formaciones independentistas «es imprescindible, pero depende del marco. Y por supuesto, del respeto a la separación de poderes y la independencia judicial».

Joan Ferran ha agradecido a Valls su regreso a Cataluña porque «introdujo un cambio de discurso que implicó un esfuerzo» en el resto de formaciones y puso en valor su apoyo a Ada Colau para evitar un gobierno secesionista en el ayuntamiento de Barcelona.
El autor aseguró que el ‘procés’ «ha fracturado a la sociedad, se ha cargado a la mitad de los partidos políticos y ha provocado rupturas en relaciones personales».
También ha destacado la existencia de un «exilio interior» de muchos catalanes que no comulgan con el proceso secesionista, pero que no lo cuestionan porque «no quieren molestar ni enfrentarse a los demás».
«Es necesario que los constitucionalistas azucemos nuestro ingenio para que la discusión ideológica nos conduzca a defender una forma de vertebración del Estado y aceptación de leyes que vaya más allá de mirarse el ombligo», ha concluído el autor.
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