Ada Colau dejó Barcelona como un solar, convirtiendo a una de las ciudades más visitadas y admiradas de Europa en un estercolero en la que los delincuentes campan a sus anchas. Y Jaume Collboni, que fue su primer teniente de alcalde, está continuando con su labor. Desde eliminar el pesebre de la plaza de Sant Jaume hasta permitir que los manteros sigan tomando el centro de Barcelona, la gestión del edil socialista es ‘colauismo’ puro.
Colau fue una de las grandes defensoras, desde el despacho y el coche oficial, de la desobediencia selectiva, que consiste en que los ciudadanos le obedecen pagan los impuestos con los que les sangra, mientras ella «incumple» las leyes que no le gustan. Gracias a la continua violación de las leyes, comenzando por la Constitución, por parte de los golpistas del ‘procés’ y sus aliados, Barcelona se convirtió en el paraíso de los malhechores.
Hay okupas en toda Cataluña, pero sin llegar a los niveles de complicidad institucional de la que disfrutaron en la capital catalana. Y recordemos que el PSC era el responsable del área de Seguridad durante el segundo mandato de Colau. En la política de movilidad sigue con Collboni la persecución salvaje del vehículo privado que inició Colau y el acoso a los hosteleros – el tema de las terrazas es especialmente sangrante -.
Además, ahora que no está Colau, los Comunes lo tienen más fácil para volver al equipo de gobierno municipal ya que estarían encantados de colocar a una legión de militantes de esta formación ávidos de ascender, o colocarse, en el Ayuntamiento de Barcelona. Como las políticas de Collboni son continuistas, los Comunes no estarían incómodos, más bien al contrario.
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