La Ley de Amnistía que acaba de aprobar el Gobierno de España es una infamia. Se trata de un episodio vergonzoso y lacerante para la democracia española. Ni siquiera voy a entrar en el debate acerca de su inconstitucionalidad, ni en su desajuste al derecho de la Unión Europea. Con ser graves, ambos aspectos palidecen ante lo esencial de esta norma: que es pura corrupción, una descarada transacción por el mantenimiento del poder, y una inmoralidad del peor calibre.
Antes de unirme a Izquierda Española, tuve el honor de coordinar durante casi cinco años la asociación Foro de Profesores, que se ocupó, desde el mundo académico, de contrarrestar la propaganda independentista en otros países. Durante ese periodo, fue un privilegio conocer a muchos catalanes valientes que defienden, a gran coste personal, la libertad y la igualdad de todos.
Con esta Amnistía, el gobierno de España les abandona, les humilla diciendo que preservar el estado de derecho, que defender España, es de panolis. El gobierno de España les quita la razón: eran ellos, los que cumplían la ley, los que estaban equivocados. El acoso que dicen sufrir es mentira. Y, si de verdad lo sufren, será porque se lo merecen. La luz de gas emana ahora del gobierno que tendría que haberles defendido de una autoridad pública, la catalana, que utiliza su poder, omnipresente, para hostigarles y expulsarles, de manera tan literal como figurada.
La Amnistía termina de convertir en extranjeros en su propia tierra a compañeros de Izquierda Española como Javier Pulido, el padre de Canet, y a su hija. O al profesor Ricardo García Manrique, insultado en su propio claustro ante la pasividad del resto, entre el desprecio de unos y el miedo de otros. Y como a ellos, a tantos que en su día se plantaron, con tesón y heroicidad cotidianas, por proteger algo tan básico como la convivencia democrática.

Se trata de una ignominia que no entiende de ideologías, pero Izquierda Española la combate desde el lugar que más daño hace al PSOE: desde la más inequívoca izquierda, racionalista, internacionalista y, dicho alto y claro, españolista. Porque España debería ser garante de la igualdad ante la ley y de la igualdad de oportunidades en todos los territorios. Porque, además, sin estas dos igualdades, la libertad individual es una quimera.
Izquierda Española afronta este oprobio desde el espacio que el PSOE abandonó hace ya demasiado tiempo; tanto, que resulta ya impensable que alguna vez pueda recorrer el camino inverso. Por eso, sea cual sea nuestro resultado el 9 de junio, Izquierda Española ha venido para quedarse. Porque siempre hará falta un partido que diga que ningún español puede ser más, ni menos, que otro por el mero hecho de haber nacido en uno u otro lugar, o por pensar contra corriente.
Duele decirlo, pero el gobierno de España desprecia a todos los que sufrieron el Procès. Les desampara, les recuerda que la ley no es igual para todos. Este es el mensaje de un PSOE ufanamente ajeno al más mínimo escrúpulo, al más elemental sentido de la ética. En Izquierda Española nos rebelamos, además, en nombre de quienes carecen del altavoz del que sí gozamos los que contamos con plataformas (periodísticas, políticas, académicas) desde las que protestar.
Porque, ¿quién va a amnistiar al pequeño comerciante que echa el cierre por no poder cumplir con los acreedores? ¿O al autónomo que abandona su sueño vital porque ya no le llega para pagar las tasas a la misma administración autonómica que le hace la vida imposible? ¿Quién, al fin, va a amnistiar a los trabajadores honrados que nuestro compañero Guillermo del Valle representa de manera gratuita?
En estas elecciones europeas, Izquierda Española presentará un programa coherente, para España y para Europa: nos oponemos a la flagrante deslealtad fiscal del salvaje capitalismo protestante de Holanda, cuyos políticos se permiten además darnos lecciones de trabajo y austeridad; aborrecemos de los paraísos fiscales, siendo Gibraltar el primero de ellos; y también proponemos una unión fiscal que termine con anacronismos propios como son los cupos, los fueros, los pactos fiscales venideros o el dumping de los patriotas de boquilla, amnistías fiscales todas ellas, y además permanentes, precisamente para los que más tienen.
Proponemos algo verdaderamente revolucionario en España: algo tan sencillo como que no haya españoles de primera, de segunda y hasta de tercera; que avancemos hacia la soberanía energética, y hacia la autonomía alimentaria apoyando a nuestro sector primario; que reindustrialicemos el país mirando al futuro y dejemos de ser pasto exclusivo de turismo barato y trabajo precario; que recuperemos, en definitiva, nuestro orgullo como país; que esta Amnistía sea el canto del cisne de un PSOE que no es sino la sigla vacía del proyecto personal de un narcisista.
Para lograrlo, debemos regenerar desde ya el flanco izquierdo de nuestra democracia. Ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos, y la primera oportunidad de hacerlo se presenta el 9 de junio, apoyando la candidatura del partido más temido por el oficialismo: Izquierda Española.
Carlos Conde Solares es Profesor de Historia de España en la Universidad de Northumbria (Reino Unido), fue Coordinador de Foro de Profesores (2019-2024) y es miembro del Consejo Nacional de Izquierda Española
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