El ambiente político en Cataluña se tensa. La crisis de la peste porcina ha disparado la crítica contra el president de la Generalitat, Salvador Illa. Su viaje a México en pleno pico de la alarma sanitaria ha sido el detonante. La oposición no ha tardado en exigir explicaciones, elevando el voltaje del debate en el Parlament.
La intervención del principal partido opositor, Junts per Catalunya, fue contundente. Reprocharon al president su «desaparición» durante la emergencia. No solo en la gestión de la crisis porcina, sino también a la hora de «plantar cara a Madrid».
La respuesta de Illa evidenció su contrariedad. El president advirtió a sus críticos que estaban más enfocados en la crítica política que en la resolución efectiva del problema. Una forma de defenderse que, a ojos de muchos, parece más un intento de desviar el foco.
No obstante, Junts no está solo en este reproche. ERC y la CUP, pese a ser socios potenciales o de investidura, también lamentaron el impacto de su viaje. La ausencia de Illa en un momento crucial ha generado una reprobación en bloque. Un signo de debilidad de su liderazgo.
El viaje a México se inició el sábado pasado. Justo al día siguiente de confirmarse el brote de peste porcina en Cerdanyola del Vallès. Desde el Govern se defendió un seguimiento telemático de la situación. Un argumento que resulta insuficiente.
De hecho, Junts ya intentó que Illa interrumpiera su agenda internacional. La propuesta, rechazada por PSC, ERC, Comuns y AC, pretendía forzar su vuelta. Una maniobra que evidencia la falta de sintonía real incluso entre los partidos que impidieron su regreso.
Finalmente, Illa aterrizó en Barcelona este viernes. Acudió al Parlament para someterse a la sesión de control. Una sesión que habitualmente se celebra los miércoles. Su presencia, forzada por la situación, no ha logrado apaciguar los ánimos.
En su réplica, Illa defendió la respuesta de su Ejecutivo. Aseguró que su gobierno actuó correctamente. Sin embargo, reconoció que aún no es momento de «sacar pecho». Una frase que suena a admisión implícita de que la crisis todavía no está controlada.
La gravedad del asunto se incrementa con la última hora. Minutos antes de la sesión, se supo que el Ministerio ha abierto una investigación. Se busca determinar si el brote fue provocado por una fuga en un laboratorio. Un hecho que añade incertidumbre y potenciales responsabilidades a la gestión.
La sensación general es de tensión creciente. La oposición critica la ausencia del president. Mientras tanto, Illa se defiende de forma tibia. La crisis sanitaria y su gestión política dejan al Govern en una posición incómoda, con el sector primario en vilo.
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