El fantasma del tripartito más radical vuelve a sobrevolar la capital de la Anoia en un desesperado intento por retener cuotas de poder. En un movimiento que recuerda a los pacto municipales de 1999, ERC, Comuns y la CUP han anunciado una alianza electoral bajo la marca ‘Ara Igualada’. El objetivo de este bloque no es la gestión, sino destronar al actual alcalde, Marc Castells, quien buscará su quinto mandato bajo el paraguas de Junts per Catalunya.
Esta amalgama de siglas busca blindarse ante lo que consideran un auge imparable de formaciones como el PP, Vox y Aliança Catalana. Los republicanos, que liderarán la lista proponiendo al alcaldable, se abrazan ahora a la extrema izquierda de la CUP para asegurar su supervivencia política.
Mientras tanto, los ‘cupaires’ se reservan el control del discurso al elegir al portavoz del grupo municipal. El reparto de sillones ya ha sido diseñado con tiralíneas en un ejercicio de aritmética puramente partidista. Los siete primeros puestos de la lista se repartirán de forma casi matemática: tres para los secesionistas de ERC, tres para Poble Actiu y uno para los Comuns. Todo este montaje queda ahora a expensas de lo que decidan sus respectivas asambleas en los próximos días.
Esta estrategia de «frente popular» es la evolución natural de aquellas bases orgánicas que el PSC y ERC sentaron hace décadas junto a Iniciativa per Catalunya. Ya en 1999, el socialismo utilizó Igualada como un banco de pruebas para desmantelar la hegemonía de la derecha pujolista en Cataluña. En aquel entonces, el éxito en la segunda corona barcelonesa sirvió para consolidar una alternativa al gobierno de la Generalitat que resultó nefasta, ya que la entrada de ERC en el Govern de Maragall y Montilla normalizó a este partido golpista. Hoy, la historia se repite con unos protagonistas que, lejos de moderarse, han radicalizado sus posturas.
El PSC observa ahora desde la barrera cómo sus antiguos y actuales socios de viaje radicalizan Igualada en nombre de una supuesta «alternativa», a la espera de sumarse si le puede servir para fortalecer su alianza con estos partidos a nivel local y autonómico. Es el mismo guion del Pacto del Tinell, pero con un maquillaje nuevo y mucho más agresivo.
Resulta alarmante que se normalice la presencia de la CUP en las estructuras de gobierno de ciudades clave como Igualada o Gerona. política de bloques que inauguró el socialismo a finales de los noventa sigue siendo su única receta para sobrevivir. No les importa el color de la bandera ni el bienestar ciudadano, solo el control del presupuesto público.
Estamos ante un nuevo experimento de ingeniería social que pretende convertir a Igualada en un bastión del radicalismo. Si las bases validan este pacto, la ciudad se convertirá de nuevo en el laboratorio de una fórmula que solo ha traído división. El PSC, con su silencio cómplice, vuelve a ser el responsable indirecto de alimentar el fuego del conflicto.
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