La etapa de Pedro Sánchez al frente del Gobierno ha sumido a España en un continuo deterioro institucional y político. La constante cesión ante las exigencias del separatismo, unida a los focos de corrupción económica y ético-moral que acorralan al entorno del Ejecutivo, exige una respuesta firme desde la oposición. La sociedad española observa con preocupación cómo se desgastan las contrapesos democráticos mientras la Moncloa prioriza la supervivencia política sobre el interés general.
Ante esta situación, el Partido Popular y Vox están obligados a actuar con altura de miras. Es evidente que representan dos opciones políticas diferenciadas, con programas, matices y sensibilidades diversas en materia económica, territorial y social. Pretender borrar esas diferencias sería irreal e innecesario. Sin embargo, la existencia de dos proyectos distintos no debe ser una excusa para la fragmentación o el enfrentamiento destructivo cuando el objetivo principal es devolver la cordura a la gobernación del país.
La dispersión de esfuerzos en la oposición solo beneficia a la coalición de gobierno y a sus socios parlamentarios. Mientras la izquierda aprovecha cualquier fricción en el centro-derecha para afianzar su relato, las disputas tácticas entre populares y de Abascal restan eficacia a la labor de desgaste del sanchismo. Resulta imprescindible fijar una estrategia conjunta en las Cortes, coordinando iniciativas legislativas y acciones de fiscalización que dejen al descubierto las carencias del Ejecutivo.
La regeneración ética y económica de España requiere consensuar unos mínimos democráticos irrenunciables. La defensa de la independencia judicial, la neutralidad de las instituciones del Estado, la rebaja de la asfixiante presión fiscal y la recuperación del prestigio internacional deben constituir el eje de un compromiso compartido. Un acuerdo de bases mínimas ofrecería a los electores la certidumbre de que existe una alternativa sólida, previsible y preparada para asumir las riendas del país.
El cambio político no llegará por mera inercia electoral, sino mediante el liderazgo y la responsabilidad histórica. PP y Vox deben entender que la gravedad del momento exige poner los intereses de la nación por encima de las dinámicas de partido. Construir una oposición coordinada y sin complejos es el único camino para cerrar la etapa del sanchismo y restituir la estabilidad, la regeneración moral y la prosperidad que los ciudadanos demandan.
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