El Barça ha creado una farsa social que repugna a muchos catalanes, algunos de ellos culés de corazón: han reducido Cataluña a un club de fútbol. Cada vez que los propagandistas del pensamiento único azulgrana equiparan a su club con toda la sociedad catalana, un puñado de ciudadanos con libertad de criterio se desenganchan de esta falsedad. Aunque el poder azulgrana (directivos, propagandistas, gente que se beneficia de esta situación) piense que una mentira repetida infinidad de veces se convierte en verdad, por suerte la gente piensa, mucho más de los que estos manipuladores creen.
Es tan exagerado el tinglado que han montado para mantener su dominio, que cada vez hay más barcelonistas cansados. Muchos quieren ser sólo seguidores de un club de fútbol, no de una causa. Aún quedan centenares de miles de culés de buena fe que se creen este montaje, y lo que tenemos que hacer es denunciar cada abuso que se produzca. Pero no por una teórica marginación de nuestros colores, sino como un ataque a la pluralidad.
¿Examen de selectividad con un texto sobre el Barça? Nada de reivindicar que haya un párrafo en el que se mencione al Espanyol, lo que se ha de pedir es que en este tipo de pruebas se escojan lecturas más serias para analizar, que se trata de formar a los estudiantes y que demuestren sus conocimientos, no que vayan a pasar el rato.
¿Qué un profesor, llevado de su celo azulgrana, obliga a sus alumnos a cantar el himno del Barça en clase? Nada de pedir a tu hijo que, vestido con la camiseta con el número 21 de Dani Jarque, se dedique a cantar en voz alta el himno del RCD Espanyol en el fondo del aula. Carta al director a todos los medios de comunicación e instancia delante de la dirección del centro y del Departament d’Educació pidiendo que en las aulas prevalezca la pluralidad deportiva. ¿Qué un medio de comunicación público hace un ejercicio de propaganda barcelonista exagerada? Carta al servicio de atención al cliente de esa empresa.
Apuntadlo: la palabra clave es “pluralidad”, nada de solicitar que salgamos nosotros, sino que salgan todos. No se trata de pedir un poquito de por favor para que nos echen a los pericos un poco de carne en el puchero, mientras el Barça se come el jamón. Se trata de exigir que como Cataluña es plural en todos los ámbitos sociales, también lo sea en el deportivo. Que el fútbol y el resto de deportes no pueden ser una anomalía, en el que sólo existe una entidad y el resto malviven en el desierto. Que hablen del Reus, de la Penya, del Granollers, del Europa, del Noia y, por supuesto, del Espanyol.
No podemos quedarnos en el discurso victimista para que nos aumenten nuestra cuota en los medios de comunicación, porque entonces seríamos cómplices del pensamiento único. Si no luchamos por una Cataluña plural, si nos conformamos con que hablen de nosotros un par de minutos más o nos dediquen media página más, nos equivocamos. Si nos basta que también se cante nuestro himno en las aulas una vez al año, mientras se ignora al resto de entidades deportivas, entonces habremos fracasado, porque seremos socios en la liquidación de la pluralidad. Seríamos la coartada para la implantación de la uniformidad deportiva.
Para ocultar su dictadura sobre el fútbol catalán lo han revestido de un discurso basado en que el Barça es más que un club, es el ejército simbólico de un pueblo catalán presuntamente sometido, que solo encuentra consuelo en las victorias azulgrana. El Barça es un modelo de ciudadanía, una forma de vivir, una manera de pensar, la forma de pensar de Cataluña.
Esta es la moto que nos intentan vender. Una estructura simbólica que oculta la realidad: el dinero, el control de un mercado y la eliminación de los posibles competidores. Si el Barça es el ejército simbólico del pueblo catalán, los defensores de esta teoría argumentarán que hemos de concentrar todas nuestras fuerzas en él, el resto de clubes sobran. Los que no acepten esta realidad son desertores, quintacolumnistas, traidores. Poco a poco se han merendado todo el fútbol catalán, y al único equipo que ha resistido, el Espanyol, le han colocado la etiqueta de “malos catalanes”.
Pero ya no cuela. La maquinaria de propaganda culé sigue siendo muy poderosa, pero la disidencia se escapa por todas partes. Ya no se trata de un puñado de pericos que viven en una aldea gala que resisten. Personas procedentes de todos los ámbitos futbolísticos, azulgranas o no, ya no tragan. Hemos de establecer alianzas con ellos, que vean que nosotros estamos por una Cataluña deportiva plural, sin monopolios.
Nuestro discurso ha de ser integrador y no excluyente. Queremos una Cataluña futbolística con una estructura de red, con muchos equipos poderosos. Obviamente, como somos pericos, queremos que el Espanyol más grande, pero no el único. Éste es el mensaje que hemos de difundir. Ante el monopolio, pluralidad. Frente al atropello, colaboración.
Si quieres comprar los especiales que la revista 23 perico dedicó, a todo color, a Dani Jarque, Raúl Tamudo, Iván de la Peña y el ‘Delapeñazo’ o Mauricio Pochettino, o los libros ‘Oh Espanyol, mi buen amigo’, ‘Nacho Julià, Tomás Guasch y Josep Maria Piera, el tridente perico’, ‘Conversaciones con Julio Pardo’, ‘Luchadores por la libertad’ o ‘Del sorpasso a las telarañas’, manda un correo a 23perico@gmail.com y te informaremos.
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