Ahora que nos acercamos a la etapa álgida del ciclo otoñal separatista, ese período infernal que tiene como fechas fetiche el 11 de septiembre y el 1 de octubre, no está de más recordar otra fecha mucho más significativa desde el punto de vista democrático, el 3 de octubre.
El discurso que el Rey Felipe VI hizo el 3 de octubre de 2017 cambió la historia de Cataluña, de ahí que el separatismo haya decidido que la Casa Real es su gran adversario. Por eso toca, por convicción y por estrategia, defenderla a capa y espada para garantizar que España siga siendo un país democrático que se rige por una Constitución que fue apoyada masivamente por los españoles, y no un Estado fallido dividido en taifas regidas por clanes supremacistas que se reparten el botín y consideran a buena parte de sus habitantes como catalanes o vascos de segunda división.
O, directamente, les niegan tal condición para considerarlos ‘apátridas’ o, lo que es lo mismo en su cosmovisión pseudoracista, ‘españolazos’. Recordemos que la invitación a coger las maletas y largarnos de Cataluña es de las primeras cosas que te suelta un separatista cuando alguien le lleva la contraria. De ahí la importancia de defender nuestra arquitectura constitucional, con Felipe VI al frente.
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