Rodalies es sinónimo de incidencias, sus trenes sinónimo de pintadas y sus estaciones sinónimo de goteras. pic.twitter.com/MhTJwNM39D
— Alberto Núñez Feijóo (@NunezFeijoo) February 19, 2026
Alberto Núñez Feijóo ha puesto el dedo en la llaga de uno de los problemas que más afectan al día a día de los catalanes: el caos de Rodalies. Durante una visita a Granollers (Barcelona), el presidente de los populares ha sido tajante al definir el servicio ferroviario como un cúmulo de incidencias, pintadas y estaciones en mal estado. Para el líder de la oposición, la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez ha convertido el transporte público en un símbolo de la desidia administrativa.
La propuesta de Feijóo para revertir esta situación pasa por un compromiso de supervisión directa y constante. Si llega a la Moncloa, el ministro de Fomento tendrá la obligación de visitar Cataluña cada 90 días para rendir cuentas sobre el estado de las obras. Se trata de evitar que las promesas presupuestarias se queden, como ocurre actualmente, en papel mojado mientras los usuarios sufren retrasos y cancelaciones diarias.
El dirigente popular no ha rehuido la autocrítica por la falta de inversión en etapas anteriores, pero ha marcado una diferencia clara con el escenario actual. Según Feijóo, la excusa de la falta de fondos ya no es válida en un momento en que España recauda más que nunca y dispone de fondos europeos. La falta de ejecución de las partidas destinadas a Cataluña es, a su juicio, una muestra de la ineficacia de un Ejecutivo más centrado en la retórica que en la gestión.
Feijóo ha exigido una auditoría real de lo que está ocurriendo en la red ferroviaria para dejar de «mentir» a los ciudadanos en los Presupuestos Generales del Estado. El líder del PP considera que Sánchez ha fracasado en los temas que realmente importan a la calle: vivienda, seguridad y pérdida de poder adquisitivo. Mientras el Gobierno se pierde en concesiones políticas, los problemas estructurales de las infraestructuras catalanas siguen enquistados.
En su discurso, ha querido desvincular las necesidades de los catalanes de las exigencias del separatismo. Para Feijóo, los privilegios otorgados a los partidos independentistas no solucionan los problemas de los cientos de miles de ciudadanos que usan el tren a diario. Es una crítica directa a un modelo de negociación que prioriza la supervivencia de Sánchez en el poder por encima de la mejora de servicios básicos como el acceso al aeropuerto.
Feijóo ironiza sobre el acto de Rufián
El líder del PP también ha aprovechado para comentar con ironía los últimos movimientos de Gabriel Rufián y su hipotética aspiración a presidir el Gobierno de España. Le resulta «simpático» que alguien que considera a España un país extranjero pretenda ahora dirigir sus instituciones. Para Feijóo, Esquerra tendrá que explicar esta contradicción flagrante ante sus propios votantes y ante el conjunto de los españoles.
Esta actitud de los socios de Sánchez refuerza, según el análisis del PP, la idea de que el Gobierno está en manos de quienes no tienen un proyecto real de país. La gestión de Rodalies es el ejemplo perfecto de cómo las alianzas políticas del sanchismo no se traducen en mejoras para la ciudadanía. La política de bloques y cesiones solo parece servir para mantener el statu quo en Madrid, olvidando el mantenimiento de las vías.
La visita a la fábrica de Pastas Gallo ha servido a Feijóo de marco para reivindicar una España que funcione y que no ignore sus problemas cotidianos. El mensaje es claro: menos ideología y más ejecución de obras. Frente al «frente de izquierdas» que proponen otros, el PP apuesta por una administración que cumpla sus compromisos sin necesidad de chantajes parlamentarios constantes.
Feijóo concluye que España está hoy peor que cuando Sánchez llegó a la Moncloa, especialmente en términos de cohesión y servicios públicos. La batalla por Cataluña ya no solo se libra en el terreno de las identidades, sino en el de la calidad de las instituciones y las infraestructuras. El compromiso de las visitas trimestrales es la prueba de carga con la que el PP quiere demostrar que su interés por Cataluña es real y operativo.
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