
Recientemente he formado parte de una expedición de ayuda humanitaria en Ucrania. El objetivo era descargar cerca de la frontera rusa una mercancía de alimentos, productos sanitarios, electrodomésticos, pañales, y golosinas para los niños. Contando con una intérprete ucraniana, enseguida percibimos el tremendo agradecimiento de los lugareños, de los que se percibe que han sido una gente que ha sufrido durante toda su historia. No en vano yo diría que han sido el único pueblo que ha sido atacado -y como ellos dicen engañados- por los cuatro puntos cardinales: el norte por los rusos, el este por los tártaros hoy kazajos, el oeste por los polacos y el sur por los turcos.
Este hecho al margen de contar con una lengua propia, les confiere un gran sentimiento de independencia que forjaron los cosacos durante los siglos XV y XVI en la región central de Zaporiyia, espíritu que se plasma en la novela Tarás Bulba de Nicolái Gogol. Quizá por nuestro sentimiento de independencia y de orgullo de pertenencia a nuestra patria, a los españoles cooperantes nos llaman «cosacos españoles» (ispans’ki kozaky).
Durante el trayecto de la bella ciudad de Leópolis (Lviv) a Kiev (Kyiv), por todos los pueblos que pasamos, en sus respectivos cementerios había una zona que llamaba la atención por el colorido azul y amarillo de las banderas nacionales, y la flores depositadas recientemente en la tumbas de los soldados locales mortalmente abatidos en el frente. Conversando con militares les comenté que ante la abrumadora superioridad del ejército ruso, una posibilidad que tenían de ganar la guerra era infringir en elevado y prohibitivo número de bajas al enemigo, como ya estaban haciendo, de forma que como ocurrió en la ocupación de Afganistán, se viesen obligados a retirarse de su país; pero me replicaron con acierto que pese al ingente número de rusos que habían matado, al ser repatriados los cadáveres por la inmensidad del territorio ruso y siberiano, se diluía a nivel de opinión pública la carestía humana de la guerra. Mientras que los ucranianos al pertenecer a un país mucho menos poblado, casi todas las familias habían perdido a uno o a varios de sus integrantes.
Cuando llegamos a Kiev, después de visitar una planta de montaje de placas de chips y cámaras de tecnología militar, fuimos recibidos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, donde nos enseñaron una exposición de drones de avanzada tecnología de fabricación nacional, dándonos a entender que tienen capacidad tecnológica propia de defenderse por su cuenta, como si después de su amarga historia de engaños de rusos, polacos y turcos, a los que ahora se une Estados Unidos, llegase un día en el que también la Unión Europea se desentienda de ellos. Muy cerca del Ministerio hay una plaza en el centro de Kiev en la que se exponen orgullosamente los carros de combate, de artillería autopropulsada y vehículos militares calcinados, que fueron destruidos en el fallido intento del ejército ruso de entrar en la capital al inicio de la guerra en febrero de 2022.
Hospedados en el hotel Ramada Encore para pasar la noche, un imponente y moderno rascacielos, a las seis de la mañana fuimos despertados por una voz del teléfono de recepción, en la que nos advertía que se podía producir un ataque aéreo. Mi compañero optó por salir del edificio, y un servidor, quizá pecando de un exceso de confianza, al comprobar el día anterior que el edificio estaba intacto, quise suponer que sería mucha casualidad que después de más de tres años de guerra, fuese precisamente ese día en el que un dron o un misil impactase en el hotel, y suponiendo que se trataba de una falsa alarma, me entregué a los brazos de Morfeo.
Cuando fuimos a desayunar al comedor, cuál fue mi sorpresa al comprobar que nosotros tres éramos los únicos extranjeros hospedados allí, y en poco tiempo el comedor se llenó de unos treinta o cuarenta muchachos jóvenes, todos amputados de la pierna derecha o de la izquierda. Unos iban con silla de ruedas, otros con muletas, y otros ya tenían sus prótesis sustitutorias. Por lo visto el Estado les pagaba la estancia en ese hotel para su rehabilitación a la espera de recibir las prótesis. Cuando uno ve estas cosas, se da cuenta de la maldad intrínseca y del daño irreparable que se produce a esos jóvenes que tenían una vida por delante,
Desde Kiev nos dirigimos con el convoy compuesto por un camión y dos vehículos todo terreno pintados con camuflaje verde, en dirección a Chernigov ya cerca de la frontera rusa, y conduciendo uno de los todoterreno, ante el temor por la presencia de drones, miraba más al cielo que al asfalto, y la simple presencia de un pájaro me sobresaltaba, y me hacía vislumbrar la posibilidad de que fuera un dron, a los que denomino «la muerte silenciosa» porque rara vez percibes su presencia hasta el fatal desenlace. Mientras estábamos repostando, un militar ucraniano que nos guiaba recibió una llamada, que le comunicaba un ataque de drones y de artillería en la zona a la que nos dirigíamos, y el jefe de la expedición nos conminó a mi y a un compañero español a volver a Kiev. El jefe de la expedición, el militar y la intérprete siguieron su ruta, consiguiendo finalmente depositar la carga del camión en los lugares convenidos.
Ya de regreso a Barcelona me ha llamado la atención los comentarios de personas de derechas y de pensamiento conservador, que apoyan a Vladimir Putin, alegando que defiende a la familia y es contrario a la ideología de género y al matrimonio homosexual. Ante estas afirmaciones yo siempre contesto los mismo, ya que el presidente de Corea del Norte Kim Jong-un, el Ché Guevara, Fidel Castro, Pol Pot y todos los dictadores marxistas defienden los mismo valores, y no por eso debemos de apoyarles. También dicen estas personas que la mayoría de los habitantes del Dombás se sienten rusos, y que lo único que pretende Putin es liberarlos. Estas persona vuelven a incurrir en un error, porque desconocen que la integridad territorial de un Estado es un principio básico de derecho internacional, plasmado en el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas. Bajo esa errónea consideración, España debería de abstenerse ante una ocupación militar de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, porque en esas ciudades la mayoría de la población es de origen marroquí.
Ucrania es un país europeo libre y democrático dotado de una Constitución de 1996, prueba de ello es que tuvo a un presidente proruso como fue Victor Yaukóvich, elegido en las urnas, mientras que Rusia es un país sometido a un régimen autoritario en el que se falsean los resultados electorales, de envenena o se encarcela a los líderes de la oposición. Incluso durante el llamado «procés» dos emisarios de Putin ofrecieron además de apoyo económico, diez mil soldados que en teoría consolidarían la independencia de Cataluña, y si fuera preciso combatirían contra el Ejército español. Cuando formaba parte de la Comisión del Congreso de los Diputados llamada Comisión de investigación de la llamada Operación Cataluña, introduje la teoría de que esos diez mil soldados no podían pertenecer a las fuerzas armadas rusas, porque la OTAN habría reaccionado ante el desembarco aéreo o marítimo de tropas rusas en un Estado de la Unión Europea, y por lo tanto tenía que ser necesariamente una fuerza militar de carácter privado como era el Grupo Wagner, que en aquellos días estaba combatiendo en Ucrania.
Los ucranianos que son víctimas de una agresión exterior, dicen que como los cosacos cuando impedían la entrada de los tártaros y de los turcos en Europa, ahora son ellos los que están intentando contener las ansias expansionistas del presidente Putín. Tienen el convencimiento, no falto de razón, que si son derrotados, Putin fijará su vista en otro lugar. Por ello deben de percibir la máxima ayuda que la Unión Europea les pueda brindar. Espero que no se les vuelva a engañar, dejándolos solos y a la merced expansiva de su enemigo. Ucrania lucha por su libertad, por su democracia, por su independencia y por su propia existencia.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















