¿Cuántas veces en Espanyol no hemos pasado en pocas jornadas de soñar con jugar la UEFA la próxima temporada a sufrir por no bajar? ¿Por qué cuando ganamos tres partidos ya nos vemos en Europa, y cuando perdemos dos veces en casa ya vemos fantasmas? ¿Por qué pasamos tan rápido de la euforia a la depresión? Sabemos por experiencia que la Liga es larga, y que hasta el final nada está dicho, pero nos empeñamos que nuestra moral suba y baje una y otra vez.
Hemos de tener la frente fría, y no desbocar la imaginación cuando las cosas vayan bien, ni hundirnos en la miseria cuando vayan mal. Lo que cuenta es el balance final de la temporada, y durante la campaña viviremos rachas positivas y rachas negativas. No nos obsesionemos, vayamos paso a paso y demos apoyo a los nuestros. Veréis como las cosas mejoran. Hemos de mirar siempre hacia delante y cuando el club no vaya bien hemos de pensar que hemos de cambiar para solucionar nuestros problemas.
Es difícil, porque tenemos tanta necesidad de ilusionarnos, de gloria, que no podemos evitarlo. Somos un club histórico, pero venido a menos, y con un rival enfrente que no para de ganar y aumentar su palmarés. Es humano que busquemos alegrías al precio que sea. Pero lo que nos interesa es ir avanzando, y estar siempre con el equipo, no en función de si estamos en una racha positiva o negativa.
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