Albert Rivera ha tenido la dignidad suficiente para dimitir, y dejar su escaño, tras el desastre electoral de este domingo, en el que Ciudadanos pasó de 57 a 10 escaños. Es un gesto que le honra y que le garantiza una posible vuelta a la política en el futuro, si es que quisiera intentarlo de nuevo.
¿Y qué pasará en Cataluña? Ciutadans ha lanzado a la basura el inmenso patrimonio de ilusión que despertó tras ganar las elecciones autonómicas de diciembre de 2017. Entonces consiguió más de un 1.100.000 votos y se convirtió en la primera fuerza del Parlament, con 36 escaños.
Aunque comparar elecciones de diverso signo no siempre es acertado, lo que es evidente es que este domingo Cs se ha pegado un buen batacazo. Ha conseguido en Cataluña 216.000 votos, lo que quiere decir que ha perdido cuatro de cada cinco votos con respecto a las autonómicas de 2017, con la misma cabeza de lista, Inés Arrimadas.
Si comparamos los resultados del domingo con las elecciones generales de abril la bofetada también es importante, dado que entonces consiguió 479.000 votos y cinco escaños. Ahora tiene tres escaños y 263.000 votos menos. Las elecciones municipales de mayo ya fueron un serio aviso de lo que le podía ocurrir a Cs en la siguiente convocatoria electoral, pero se desoyeron las alarmas, y el castigo ha sido mucho mayor.
Albert Rivera no es el único culpable. Algo muy mal se habrá hecho en Cataluña para que hasta Vox haya superado a Cs en las elecciones de ayer. Si Ciutadans se limita a cerrar filas aprovechando la sucesión del líder que se ha anunciado, y los dirigentes de la formación naranja en Cataluña no analizan porque los votantes constitucionalistas catalanes les han abandonado en masa, la masacre del grupo parlamentario en las próximas elecciones autonómicas puede ser aún mayor que la que sufrieron ayer en el Congreso de los Diputados. Y van camino de ello.
Igual no basta con que Albert Rivera sea el único en marcharse y abandonar la política. El Partido Popular en Cataluña ha iniciado un camino de recuperación tras la debacle de 2017, lento pero seguro, que se va consolidando gracias al liderazgo de Alejandro Fernández. El PSC ha quitado a Cs la etiqueta de «voto útil» del constitucionalismo más moderado. Y Vox ha irrumpido con fuerza como el aglutinador del voto de protesta catalán más radical contra el secesionismo. Si Ciutadans no acierta en el diagnóstico, y en las soluciones, que han de ser radicales e inmediatas, su camino hacia la irrelevancia se acelerará.
Comentario editorial de elCatalán.es
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