La crisis interna en la Federació de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en Barcelona no solo se mantiene, sino que se ha agravado. La cúpula del partido, con Oriol Junqueras a la cabeza, ha optado por una maniobra de control que ignora las peticiones de las bases. Esta decisión subraya la tensión entre la dirección y una parte significativa de su militancia.
Nueve miembros de la permanente de la federación barcelonesa presentaron su dimisión en bloque. Su objetivo era forzar un nuevo congreso electoral. Protestaban contra la presidenta, Creu Camacho, a quien habían apoyado solo ocho meses antes de su elección el pasado abril.
La respuesta del aparato nacional de ERC, liderado por Junqueras y Elisenda Alamany, fue un golpe de mano. Optaron por situar una gestora al frente de la federación. Lo más llamativo es que esta gestora está encabezada por la propia Camacho.
Además, la dirección ha decidido retrasar la convocatoria del congreso para elegir una nueva cúpula hasta abril. Esto significa que pasará un año desde el último proceso, y es mucho más tarde de lo que reclamaban los críticos. La Ejecutiva nacional mantiene las primarias para designar al candidato a la alcaldía de Barcelona a mediados de febrero.
Los dimisionarios no se han quedado quietos. Han solicitado formalmente a la Comisión de Garantías del partido que impugne todas estas decisiones. Consideran que las resoluciones de la ejecutiva nacional responden a la «oportunidad política» y no se ajustan a la normativa interna del partido.
Detrás de esta ruptura se esconde un profundo malestar con la deriva de la actual presidenta de la federación barcelonesa. Camacho se presentó en abril como la alternativa a la tesis de la dirección nacional. Se erigió como la defensora de la militancia, especialmente tras el polémico congreso sobre la entrada de ERC en el gobierno municipal de Jaume Collboni.
Sin embargo, los críticos la acusan ahora de haberse alineado con Junqueras y Alamany. Los dimisionarios buscan abiertamente un candidato fuerte. Quieren que alguien pueda plantar cara a Elisenda Alamany, que ya ha manifestado su intención de ser la cabeza de lista en 2027.
La gestora impuesta por la dirección de ERC se compone únicamente de los leales. Incluye a los miembros de la permanente que no dimitieron, a las presidencias de los casales de distrito y a la representación de la Jovent Republicà. La maniobra evidencia que la prioridad de la cúpula republicana es asegurar el control sobre la influyente federación de Barcelona, incluso a costa de una profunda división interna.
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