Da que pensar el encontrarse en una calle del Ensanche barcelonés un sobre electoral del 12-M de ERC pisoteado, abandonado en la vía pública por el desinterés o, directamente, el asco de su destinatario ante las propuestas políticas de una formación hispanófoba que, incluso, tomó el pelo a sus votantes con una inminente República catalana en 18 meses que nunca llegó.
Oriol Junqueras, Pere Aragonès, Laura Vilagrà y el resto de dirigentes de esta formación que roza el supremacismo lingüístico han pisoteado durante años los derechos civiles de millones de catalanes. Por eso es un gesto de justicia poética encontrar su propaganda pisoteada por ciudadanos anónimos que ni siquiera se han molestado en recoger el sobre para darle el digno final de acabar en una papelera.
El sobre da tanta grima como los que han gobernado Cataluña durante los últimos años. Todos ellos acabarán en el basurero, uno el de residuos sólidos y otros en el de la historia. Esquerra seguirá dando coletazos, tiene los votos que pueden decidir quién será presidente de la Generalitat y los venderá a precio de oro para mantener el sueldo de su cohorte de enchufados. Pero la decadencia del partido del racista Heribert Barrera es irreversible.
De querer ser el ‘pal de paller’ de la política catalana, al estilo de Macià o Companys, a tener que escoger entre ser los palanganeros de Junts o del PSC. En esto han quedado los sueños de hegemonía política de los dirigentes de Esquerra. Tuvieron la Generalitat para ellos solos durante más de año y medio, y lo han hecho tan mal que han perdido en unos pocos meses lo que les ha costado 85 años recuperar.
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