Pilar Castellanos (Barcelona, 1972), es una activista constitucionalista que desde Madrid apoya los esfuerzos del movimiento cívico catalán para oponerse al secesionismo. Fue presidenta de la antena de Societat Civil Catalana en la capital. Fue candidata de Cs al Congreso de los Diputados por la provincia de Toledo, y actualmente no milita en ningún partido. A nivel profesional desarrolla su actividad ajena a la política como directora de grandes cuentas de una mutualidad y de relaciones institucionales.
Usted vive en Madrid. ¿Qué le diría a los periodistas de TV3 que llaman “exiliados” a personajes como Carles Puigdemont o Toni Comín?
En Cataluña estamos acostumbrados al lenguaje victimista, a que se divida a la sociedad entre buenos y malos, entre víctima y verdugo. Se modifica la realidad, adulterando el lenguaje y dibujando con trazo grueso a todo aquel que se oponga a las tesis secesionistas. La ilegalidad, los delitos cometidos por gran parte de sus dirigentes, se visten de un acto de supremo heroísmo, de un sacrificio en nombre de un bien superior, cuando lo que oculta es un conjunto de atrocidades y la utilización de una parte de los ciudadanos catalanes para llevarlos a un estado de delirio colectivo que sirva de instrumento para mantenerse en el poder y alcanzar sus intereses, que distan mucho del interés general.
Les recordaría algo que ellos saben bien, porque de ello se han beneficiado durante demasiado tiempo: que España es una democracia plena desde hace décadas, integrada en la Unión Europea y con un poder judicial que cumple todos los estándares de los países de nuestro entorno. Que en este contexto no hay presos políticos ni hay exiliados. En España no se encarcela ni persigue a nadie por sus ideas políticas, sino por vulnerar la legalidad. Los políticos catalanes no están por encima de las leyes ni por ser políticos ni por ser catalanes.
¿Ve normal que personas que trabajan o colaboran en la televisión pública de Cataluña usen el “Puta España” como saludo en sus redes sociales, como Pilar Carracelas o Jair Domínguez?
Es una muestra más del nivel de sectarismo rancio, de zafiedad intelectual en la que chapotea desde hace años una parte de la sociedad catalana, afortunadamente minoritaria, pero con una representación en política, prensa y medios muy superior a la que en situaciones de normalidad le correspondería.
Sería algo impensable que esto ocurriera en alguna televisión pública de cualquier país democrático de nuestro entorno sin consecuencias. Se saben protegidos porque ellos son parte indispensable del plan urdido. Sin los medios de comunicación no se podría explicar cómo se ha llegado al punto en que se encuentra Cataluña. Cuanto más se demuestre el ataque a todo lo que recuerde a España, mayor será la recompensa. Los profesionales que trabajan en Cataluña saben bien las consecuencias de mantenerse “insobornable”.
¿Cómo se viven a 600 kilómetros de distancia los abusos del separatismo catalán?
Con bastante distancia, lo que es muy saludable. Pero los orígenes siguen ahí, y aunque el griterío habitual suene amortiguado, es inevitable pensar que siguen embarcados en su interminable procès y que resulta imprescindible hacerles frente desde cualquier lugar en que se esté. Porque ellos trabajan por su proyecto incansablemente, allí, aquí y en cualquier lugar, institución y entidad, pública o privada.
En mi caso trabajo en Madrid, respiro una libertad que en Cataluña lleva muchos años olvidada. Cuando era adolescente pensaba que en mi ciudad, Barcelona, todos los sueños podían hacerse realidad, y ahora he descubierto que para que se cumplan hay que salir de allí y de su irrespirable clima, huir de esa constante autocensura que practicamos para mantener la convivencia.
Desde la tranquilidad de la distancia se corre el riesgo de pensar que esto no va con nosotros, qué gran error, esto va de todos, va de defender la ley, nuestro estado de derecho, nuestra libertad. Por ello, no podemos permitirnos el olvidar que, aunque haya bajado la intensidad de los acontecimientos, ellos siguen trabajando para alcanzar su despropósito y anulando a más de la mitad de nuestros compatriotas. Como catalana, como española, como demócrata, continuaré desde donde me encuentre denunciando los abusos procesistas, y estaré al lado del conjunto de la ciudadanía para que algún día se pueda acabar con esta anormalidad.

¿Qué es lo que les diría a los secesionistas que afirman «lo volveremos a hacer»?
Lo que pide el cuerpo es decirles lo mismo: “nosaltres també”. O sea, que la ley volverá a aplicarse y a imponerse, probablemente con mayor severidad de la que se ha mostrado esta vez.
Los ciudadanos hemos visto de lo que son capaces, no olvidamos todo el daño que han provocado a nuestra tierra, por tanto, no vamos a permitir que vuelvan a hacerlo, que vuelvan a adueñarse de los sentimientos de tantas personas a las que han engañado y llevado a la ruina social e incluso económica.
¿Cuál es la mejor hoja de ruta para vencer al independentismo?
Tenacidad y firmeza. Ellos no ceden nunca un solo centímetro de terreno ganado, así que la cesión por nuestra parte no lleva a ninguna parte. El Estado ha de hacerse nuevamente presente en Cataluña, en todos los aspectos. Desde los más nimios hasta los más trascendentales. Sería ideal, pero utópico, pretender que la derecha y la izquierda constitucionales (y quiero creer que el PSOE aún lo es) se manifestasen unidos frente al reto obligando a los separatistas a abandonar toda esperanza.
No solo en Cataluña, esto ha sucedido en el conjunto de España, y esta no presencia del estado la han utilizado los separatistas para adueñarse de ese espacio que no les pertenece. Si no estás no existes. Hay que ilusionar a los ciudadanos, ser de nuevo parte de su vida.
Pablo Hasél, ataques a comisarías, señalamientos a políticos constitucionalistas, disturbios y manifestaciones cuando al separatismo le apetece… ¿Es Cataluña un territorio sin ley?
La ley se aplica, pero algunos políticos luego la dejan sin efecto. Empieza a cundir desde hace años, eso sí, una sensación de que a unos les está permitido todo. Es terriblemente semejante a lo que pasaba en el País Vasco, aunque sin la violencia terrorista (al menos no de alta intensidad). Uno de los principales retos de los partidos nacionales es evitar que eso vaya a más, pero cediendo no se conseguirá.
Esta sensación de impunidad es muy peligrosa. ¿Qué mensaje estamos dando al conjunto de la población? ¿Cómo recordar a los delincuentes que la ley será implacable ante su no cumplimiento? ¿Si hemos renunciado a defender el espacio público, nuestras calles y nuestras instituciones, por qué vamos a defendernos ante otros delitos? Un ejemplo de esto es la creciente inseguridad en las principales ciudades catalanas.
¿Por qué el constitucionalismo catalán no encuentra un discurso eficaz para acabar con la hegemonía separatista?
Por falta de unidad y por la creencia errónea de que existe algo parecido al “nacionalismo moderado”, ser mitológico que sería equivalente a un “comunismo moderado” o un “fascismo moderado”. Todo nacionalista tiende, casi por un efecto semejante al de la ley de la gravedad, hacia posiciones maximalistas. Hemos caído en el error de considerar que quien quiere la independencia por medios democráticos es un moderado, y no es así. El separatismo es radical siempre, porque lo es su objetivo.
¿Qué opina de los indultos de Pedro Sánchez a los condenados por sedición?
Un error que no apaciguará a los indultados ni a sus seguidores, que lo ven como una derrota del Estado y, lo que es peor, como una desautorización expresa de la justicia y de las leyes. Es como decirles “teníais razón, nos equivocamos condenándoos”. No recibiremos agradecimiento, sino insultos. No tendremos apaciguamiento, sino envalentonamiento. Y hemos perdido, ya antes de sentarnos a la mesa de diálogo, una baza primordial.
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