Entrevista a López Alegre: “Los nacionalistas atacan a Cayetana por supremacismo. Nadie es ‘de fuera’ en su propio país”

Joan López Alegre

Joan López Alegre, el consultor político y de comunicación al que el portal Dolça Catalunya bautizó como El català tranquil, acaba de publicar La mayoría silenciosa. Como los catalanes no independentistas tomaron las calles y pararon el golpe (Deusto). Una radiografía impecable de unos días que explican la actitud de millones de catalanes que decidieron que no iban a permitir que el PDeCAT, ERC y la CUP rompieran su país: España.

Ha escrito un libro dedicado a la “mayoría silenciosa” en Cataluña. ¿Cómo la definiría?

El libro es un homenaje a todos los catalanes que han hecho pequeños pero heroicos gestos de resistencia al nacionalismo hasta llegar al punto culminante el 8 de octubre de 2017, fecha sin la cual Puigdemont se hubiera atrevido, sin duda, a declarar la independencia 48 horas más tarde.

¿Cuándo la “mayoría silenciosa” dejó de serlo?

Fue un lento despertar, al principio muchos de los que tomaron consciencia de que había que hacer algo tuvieron, incluso, la incomprensión de los que pensaban como ellos. Pero todo explotó en dos momentos: tras los plenos de la vergüenza en el Parlament el 6 y 7 de septiembre y, sobre todo, tras el discurso del Rey el 3 de octubre.

¿Cuál fue, según el relato de su libro, el detonante definitivo de las dos grandes manifestaciones del 8 y el 29 de octubre?

La percepción de que si no hacíamos nada la independencia era irremisible. La sensación de que estábamos en manos de unos irresponsables que jugaban a la ruleta rusa con nuestras vidas. Lo que sucedió en otoño de 2017 fue una sensación general, incluso en muchos independentistas, de angustia y desazón terrible.

¿Estas dos manifestaciones, que produjeron dentro de las filas secesionistas?

Especialmente la del 8 de octubre, que es la más importante de las dos, acabó con la idea que habían comprado incluso en el resto de España de que éramos “un sol poble”.

El 8 de octubre los independentistas se frotaban los ojos atónitos, todo su trabajo de ingeniería social, durante décadas, basado en intentar reciclar y reconvertir por la vía del amedrentamiento social, personal y profesional a millones de catalanes para que se olvidaron de sus raíces, de su esencia y de todo para renacer con una reprogramación de su disco duro emocional e histórico había fracasado y se quedaron estupefactos.

Por primera vez en décadas estaban perdiendo el control del relato. El independentismo se preguntaba: ¿De dónde sale toda esta gente? ¿Por qué no nos obedecen como han hecho siempre?

¿Fueron los llamados “plenos de la vergüenza” del Parlament la constatación de la “vía báltica” de los secesionistas en cuanto que pretendían despojar de derechos civiles y políticos a esa “mayoría silenciosa” de catalanes no nacionalistas?

Fue la gota que colmó el vaso y que ejemplificó a la perfección la dignidad de la intervención de Coscubiela, el abandono de la sala de los diputados a los que se había vulnerado sus derechos democráticos, el gesto de los diputados del PP de dejar banderas de España y Cataluña en sus escaños y la valentía de los letrados de advertir a los políticos independentistas de que lo que estaban perpetrando era delictivo.

Hoy, año y medio más tarde todo lo que sucedió se presenta como algo político, conceptual, meramente enunciativo. Es falso. La suma de los actos que cometieron pone de manifiesto que lo que intentaron es forzar la legalidad, en definitiva dar un golpe, que lejos de ser breve, se prolongó de agosto a octubre.

¿La batalla de la retirada de los lazos amarillos de la vía pública es la muestra que la “mayoría silenciosa” no se va a dejar pisar?

Los colectivos como Els Segadors del Maresme, o las personas como las que agredieron en la verja del Parlamento o Arcadi Espada y tantos otros son la suma de actos de dignificación de la sociedad catalana.

La imposición de una iconografía, por lo demás extremadamente cutre, pretende como en cualquier régimen totalitario amedrentar y dar la sensación de pensamiento único. Al independentismo el concepto exclusivo y, por lo tanto, elitista les fascina: “El carrers sempre serán nostres”, “un sol poble”, “el castellà és oficial però no és una llengua pròpia”, etc…

 

En su libro, ¿qué personajes encarnan la representación de esa “mayoría silenciosa”?

Muchos: Vd. mismo como director del este medio y presidente del Grupo de Periodistas Pi i Margall; Mariano Ganduxer, fundador de Fem Pinya; Josep Bou como Presidente de Empresaris de Catalunya; los hermanos Tercero como promotores de La Voz de Barcelona, Mon Bosch como impulsor de SCC; Jordi Cañas como guerrero del antifaz del antiseparatismo; Nacho Martín Blanco como incansable tertuliano; Teresa Freixes y su análisis jurídico; los jóvenes de S’ha Acabat!, los amigos de Dolça Catalunya, la gente de izquierdas antiseparatista como Quim Coll, y tantísimos otros.

¿Qué papel ha jugado un portal como Dolça Catalunya en la configuración de la Resistencia al secesionismo?

Fundamental. En un contexto de medios de comunicación narcotizados por el dinero procedente de la Generalitat y entregado generosamente con el objetivo de acallar críticas de unos y favorecer el hooliganismo de otros surge Dolça como una especie de Huffington Post a la española: libre, basado en las denuncias e información que les envía la gente y que se convierte en un medio que funciona de forma clandestina, al que nadie reconoce leer pero se consulta buscando el último vídeo que haga que los constitucionalistas catalanes no se sientan solos. Sin Dolça el no independentismo catalán jamás hubiera despertado.

Tras haber analizado la nueva hornada de activistas en el movimiento de Resistencia catalana al nacionalismo, ¿qué otros actores destacaría?

A tantos dentro de Cataluña como los organizadores del 12 de octubre en la Plaza de Cataluña que no son otros que Espanya i Catalans; a los promotores de Tabarnia; a Boadella siempre elegante y noble frente a la zafiedad de Toni Albà y también muchos en otros lugares; los millones de españoles de otros rincones del país que colgaron banderas de España en sus balcones en homenaje a Catalunya; los periodistas extranjeros que no sucumbieron al pressing separatista como Sandrine Morel, las autoridades europeas dispuestas a defender los principios de la Unión que tanto sintetiza el constitucionalismo como Tajani, Timmermans, Merkel, y los catalanes y el resto de compatriotas residentes en Bruselas que han tenido una actitud de extrema dignidad frente al intento de atropello de Puigdemont y su troupe.

Usted ha decidido dar un paso al frente e ir de número 2 al Congreso en la lista del PP por Barcelona. ¿Por qué lo ha hecho, si ya estuvo en política y lo dejó hace unos años?

Por la moción de censura. No me molestó tanto que Sánchez sustituyera a Rajoy. Si así lo acordó el Parlamento, aunque no me gustara, es legítimo y democrático. Me molestó por quienes fueron sus apoyos para acceder a la presidencia: ERC, Puigdemont, Bildu y el PNV.

Es un riesgo para el futuro de todos y cada uno de nosotros que el gobierno de este país esté influenciado de forma decisiva por gente que quiere destruir la convivencia y convertirnos a extranjeros en nuestra propia casa. Estas elecciones son un mano a mano entre Casado y Sánchez y si Casado no es el presidente el separatismo influirá en La Moncloa con consecuencias letales para todos, en especial para los catalanes no separatistas.

La número 1 de su lista es Cayetana Álvarez de Toledo. La han atacado por no haber nacido ni residir en Cataluña. ¿Por qué usan los nacionalistas esta vía de ataque?

Por supremacismo y xenofobia. Nadie es “de fuera” en su propio país. La idea del reparto de carnets de legitimidad social en la que se basa el nacionalismo desde siempre es inaceptable. Cayetana, además de ser una gran candidata, tiene como valor que pone al secesionismo frente a un espejo en que surge la peor cara del nacionalismo.

En los últimos años personajes que formaban parte de la Resistencia catalana al nacionalismo, como usted mismo, Nacho Martín Blanco o Josep Bou han pasado del activismo social o comunicativo a la política institucional. ¿Por qué?

Admiro tanto a Nacho como a Josep, aprendo de ellos cada día. Todos nosotros, así como otros, hemos formado parte de asociaciones que han surgido para frenar al separatismo. Como mínimo en mi caso me gustaría estar en el Congreso porque me saca de quicio que cuando interviene un diputado de Puigdemont o Rufián lo hagan como “grupo catalán”. Yo soy catalán y ellos no me representan, debe haber voces de catalanes no separatistas en Las Cortes.

¿Analiza en el libro el papel de los medios de comunicación en la configuración del relato secesionista?

TV3 es un medio que manipula de forma impúdica y miente. Genera una división social basada en señalar a los malos y, por defecto, encumbrando a los buenos. Nadie mejor que tú ha resumido los excesos de TV3 en tu último libro.

¿Cuál ha sido su responsabilidad?

Total. Sin los medios públicos y los subvencionados centrados en mentir todo el tiempo no se habría llegado a esta situación. Hay muchas formas de mentir y manipular, a muchas de ellas estamos tan acostumbrados que son casi imperceptibles.

Por ejemplo, cuando se habla del “president del país” refiriéndose al presidente de la Generalitat, o cuando se da el tiempo y se presenta a Perpignan dentro de las fronteras y a Huesca fuera de las mismas. Hay momentos de agitación desde los medios separatistas especialmente graves: yo destacaría como el más ignominioso el día que Mónica Terribas pidió a su audiencia que llamara a la radio para informar por donde estaban pasando los efectivos de la Policía Nacional o la Guardia Civil, para así poder cortar calles e impedir sus tareas de policía judicial.

Y concretando un poco más, ¿hubiera llegado el ‘procés’ tan lejos si la militancia abnegada y absoluta de TV3?

No. TV3 es la agencia de publicidad del separatismo. Ellos convocan las manifestaciones, informan de las líneas de transporte a utilizar, las promocionan y luego las retransmiten en directo para finalmente informar del éxito de las mismas que no deja de ser su propio éxito. Si estuvieras un mes viendo solo TV3 te sucedería como a Rosa María Sardà en 8 apellidos catalanes: te acabarías creyendo que Cataluña es efectivamente un país independiente asediado por una potencia extranjera.

¿Por qué deberían los lectores de elCatalán.es leer su libro, y no las obras completas de Toni Soler?

Porque Toni Soler les insulta y les desprecia, y yo no. Porque Toni Soler quiere fragmentar la sociedad, y yo quiero la paz. Porque Toni Soler miente con tal de ganar adeptos para la independencia, y yo no.

Por Sergio Fidalgo


En ‘Barcelona es España’ Josep Bou repasa su vida y sus ideas para la ciudad de Barcelona. El autor es el director de elCatalán.es, Sergio Fidalgo. Los interesados en adquirir este libro lo pueden comprar en este enlace de Amazon.

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