Comentario editorial de elCatalán.es
Ada Colau ha sido la ‘tonta útil’ del secesionismo, la compañera de viaje necesaria para que los separatistas hayan impuesto su agenda política, sus marcos mentales y su vocabulario en sectores de la sociedad catalana que no son nacionalistas.
Colau ha presumido de votar «sí» a un Estado independiente para Cataluña en la pseudoconsulta del 9-N, ha puesto el lazo amarillo y otra propaganda secesionista en el ayuntamiento y ha apoyado el discurso que España es un país poco democrático porque tiene «presos políticos».
Representa lo peor de la izquierda, la que se vende por un plato de lentejas y olvida su compromiso con los más desfavorecidos para apuntarse al discurso nacionalista. Ha puesto la ciudad de Barcelona al servicio del secesionismo y ha potenciado a separatistas como Pisarello y Asens.
Y como Roma no paga a traidores, ha perdido las elecciones y Esquerra Republicana le ha pasado por encima. Ada Colau se merece, sin duda alguna, pasar a la papelera de la historia.
Pero, por desgracia, el constitucionalismo no ha conseguido los suficientes regidores como para articular una alternativa al secesionismo o al populismo. Hemos de escoger entre el «susto» que representa Colau y la «muerte» del candidato de Esquerra, Ernest Maragall.
Dentro de los comunes hay un sector no secesionista que podrá seguir batallando para que su movimiento no caiga en manos del separatismo. Esquerra es secesionismo puro, y con Maragall de alcalde la capital de Cataluña será una herramienta más para romper España y acabar con nuestro sistema democrático.
Entre los que hacen anualmente inquietantes desfiles nocturnos con antorchas que traen recuerdos de otros tiempos que es mejor olvidar (Esquerra) y el populismo oportunista de Colau, pocas dudas podemos tener.
Cualquier cosa es mejor que permitir que la alcaldía de Barcelona caiga en manos de los que avalan a los que señalan domicilios de constitucionalistas, apoyan a regidores en toda Cataluña que acosan a los no nacionalistas y han utilizado docenas de millones de euros para potenciar el proceso secesionista.
Colau tiene muchos defectos, pero al menos no ha defendido extrañas teorías sobre el ADN catalán, como hizo Oriol Junqueras; ni asegura que «lloveran hostias», como Roger Torrent; ni cuenta con numerosos ex militantes de Terra Lliure con protagonismo.
La actual alcaldesa se está haciendo la «dura» con Valls a la hora de aceptar su apoyo. En estos días veremos mucho postureo de cara a la galería. Ni caso.
Lo que importa es esperar el momento de la votación en el pleno municipal y asegurarse que Ernest Maragall convierta a Barcelona en un villorrio como Berga, una ciudad intolerante al servicio del nacionalismo más cerril. Aunque sea al precio de tener que aguantar a Ada Colau cuatro años más con la vara de mando.
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