
Madrid, rompeolas de todas las Españas, se convirtió el pasado jueves durante un par de horas en el dique de contención para salvaguardar la Gerona constitucionalista, la que reivindica la convivencia y la pluralidad frente a la oleada amarilla con la que el separatismo excluyente trata de teñir a esta bella ciudad.
En un acto celebrado en la Casa de la Panadería, en plena Plaza Mayor de la capital, un puñado de constitucionalistas catalanes, y de compañeros de viaje del resto de España, se reunieron para presentar la traducción comentada al catalán que la periodista Anna Grau ha hecho de ‘Girona’, el Episodio Nacional que Benito Pérez Galdós dedicó al sitio que esta ciudad sufrió en 1809 por parte de las tropas napoleónicas (lo pueden comprar en este enlace de Amazon).
La maestra de ceremonias fue Grau, que con su simpatía y buen hacer habitual fue repartiendo juego a todos los ponentes. Contó con el apoyo de Pilar Castellanos, ex presidenta de SCC en Madrid, y de servidor. Me siento especialmente orgulloso que no se me cayera el micro ni una vez, a pesar de los continuos viajes para ir desinfectándolo, para cumplir con las normativas sanitarias. Entre los asistentes, José Rosiñol, presidente del consejo asesor de SCC.
El mar de mascarillas presente en el maravilloso salón que acogió el acto no menguó el ardor guerrero de los asistentes. Desde catalanes exiliados de la Cataluña tractoriense, en la que la estelada se usa como arma arrojadiza y no como símbolo político, a los activistas madrileños que ejercen de soporte a las actividades de Societat Civil Catalana en la capital, todos ellos mostraron su admiración a Grau por su compromiso.

Abrió el fuego Andrea Levy, concejala de Cultura de la capital, y prologuista del libro. Como conoce de primera pano, como catalana de pro, las ‘simpáticas’ acciones del separatismo catalán, no le costó nada hacer una defensa apasionada del constitucionalismo catalán y de los valores de la unidad, la libertad y la democracia. Es lo que tiene haber sido víctima de la ‘revolución de las sonrisas’, que es difícil que te tomen el pelo con los ‘valores’ del secesionismo.
El periodista gerundense Albert Soler, autor del epílogo del libro, disparó a diestro y siniestro, como ha de ser ya que estamos hablando del gran cronista del ‘procés’ desde la zona cero del independentismo, o como dice ‘PresidentTorra’, la «capital de la Cataluña auténtica». La imagen que sugirió, al hacer imaginar a la audiencia a Pilar Rahola con el bigote de Benito Pérez Galdós, levantó muchas sonrisas, y me temo que más de un trauma. Solo pensarlo me estremezco…
Luis María Linde, ex gobernador del Banco España, es uno de esos madrileños a los que antes nos referíamos, los que apoyan incondicionalmente al constitucionalismo catalán en su lucha contra la intolerancia secesionista, y recientemente se ha incorporado al Consejo Asesor Consultivo de Societat Civil Catalana. Su intervención dio ánimos a todos los presentes para continuar luchando por las libertades en Cataluña.
Y es que Madrid es la gran esperanza del constitucionalismo catalán, porque la gran batalla no se está fraguando en esta comunidad autónoma, sino dónde reside el auténtico poder en España, en la capital.
El día que en Madrid, entendiendo por «Madrid» el poder económico y político que reside en la capital, se acaben los complejos para apoyar sin fisuras a los que plantan cara en Cataluña al separatismo, ese día girará la tortilla y el independentismo comenzará a perder su hegemonía.
Servidor dijo algunas palabras, pero poca cosa ante el magnífico discurso de Anna Grau, en el que reivindicó una Gerona, y por ende una Cataluña, de todos, sin sectarismos y sin apropiaciones indebidas por una parte que quiere anular a los que no piensan como ellos. Una Cataluña plural en la que los no secesionistas puedan ejercer libremente sus derechos cívicos y sociales. A fin de cuentas, la traducción de ‘Girona’ al catalán, aparte de un homenaje al maestro Galdós, ha sido una buena excusa para reivindicar la convivencia y la tolerancia. Que así sea, y que Puigdemont, Junqueras y personajes similiares acaben cuanto antes en la papelera de la historia.
Sergio Fidalgo
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