Los independentistas, que tuvieron hace unos años el control de la hegemonía moral de la sociedad catalana a base de su dominio de las instituciones académicas, la sociedad civil organizada y los medios de comunicación ya solo dominan las mentes de sus seguidores.
Muchos catalanes nos hemos liberado, porque los independentistas ya no intentan disimular que solo gobiernan para los “suyos”. Han convertido las escuelas, los ambulatorios, los cuarteles de bomberos o los hospitales en centros propagandísticos ideológicos llenos de lazos amarillos y de proclamas separatistas, y han demostrado su nula voluntad de servir a todos los catalanes.
Por eso cada vez que un dirigente de la CUP, Junts o ERC ataca al Rey lo refuerza ante los millones de catalanes que consideramos que vivimos en Cataluña en un régimen totalitario revestido de formas democráticas. Un sistema electoral perverso y el uso del dinero público para manipular a los votantes les da la mayoría parlamentaria, pero nada más. Y usan esa mayoría de escaños para intentar sojuzgar a los catalanes no separatistas malgastando el dinero público que debería servir para el bienestar de todos los ciudadanos.
Por eso, en Cataluña somos legión los monárquicos y no monárquicos que gritamos con orgullo “viva el Rey Felipe VI”. Porque es el último bastión ante la ofensiva de los separatistas y sus aliados populistas que intentan privarnos de nuestros derechos civiles.
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