La realidad de la calle vuelve a desmentir la propaganda oficial de la Generalidad y el Ayuntamiento de Barcelona. Un reciente estudio encargado por el consistorio de Jaume Collboni al Institut d’Estudis Catalans deja en evidencia el retroceso de la lengua catalana entre los jóvenes.
Pese al intervencionismo lingüístico que defienden el PSC y sus socios, el español es la lengua indiscutible de la juventud barcelonesa en sus momentos de libertad. La investigación, basada en la observación directa en once centros de la capital, no deja lugar a dudas sobre las preferencias de los adolescentes.
En los espacios de deporte y recreo, el uso del catalán es «claramente minoritario». Este fracaso es especialmente sangrante tras décadas de políticas de ingeniería social financiadas con dinero público. Los datos cuantitativos son una bofetada para los defensores del modelo de inmersión total.
Según el informe, el 75% de las conversaciones entre los jóvenes se producen en castellano mientras realizan actividades físicas. El secesionismo ha intentado imponer una realidad idiomática que choca frontalmente con la convivencia natural en los barrios.
El estudio destaca una marcada «asimetría lingüística» entre los responsables de las actividades y los participantes. Mientras los monitores intentan mantener el uso de la lengua catalana, los jóvenes desconectan de esa imposición en cuanto interactúan entre ellos. Para las nuevas generaciones, el castellano es el vehículo de comunicación más espontáneo y eficaz.
Resulta irónico que este análisis se presente bajo el título ‘El uso del catalán entre la juventud de Barcelona. ¿Dónde estamos?’. La respuesta es obvia: estamos ante una juventud que ignora los marcos mentales que el PSC intenta consolidar para complacer a sus socios.
El bilingüismo real de la sociedad supera cualquier plan de dinamización institucional. El papel de los entrenadores como supuestos referentes no basta para frenar la inercia social. Cuando los jóvenes se dirigen a un adulto, pueden realizar el esfuerzo de cambiar de lengua por respeto o hábito escolar. Sin embargo, en la interacción horizontal «entre iguales», el castellano sigue siendo el rey absoluto de la pista.
Este escenario demuestra que las políticas de identidad del socialismo catalán están totalmente alejadas de las prioridades juveniles. El PSC prefiere gastar recursos en jornadas de reflexión y estudios en lugar de aceptar la pluralidad de una ciudad cosmopolita.
Los 720 jóvenes analizados en este proyecto son el reflejo de una sociedad que elige su forma de expresarse con total autonomía. No hay «monitores» suficientes para controlar lo que sucede en el vestuario o en el patio.La jornada organizada por el ayuntamiento pretendía buscar factores que influyen en la «elección lingüística» de los adolescentes.
Lo que han encontrado es un rechazo silencioso a la politización de la lengua por parte de una administración agotada. El socialismo de Collboni parece más preocupado por las estadísticas del’IEC que por la libertad individual.
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