El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha utilizado un galardón institucional para premiar a un alto cargo del Gobierno de Pedro Sánchez. La entrega del XX Premio Blanquerna a Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, consolida la red de intercambios de favores y reconocimientos dentro del establishment socialista.
García Montero ha sido distinguido por su trayectoria en la «difusión de la literatura catalana» y por su supuesto «compromiso» con todas las lenguas del Estado. En la práctica, Illa premia a un director de una institución clave bajo el control del Gobierno central. Aunque es del entorno de Sumar, es un fiel aliado de los socialistas en el mundo cultural.
Desde el Palacio Neptuno de Madrid, el líder catalán insistió en que el premio «pone luz sobre esta verdad: la fraternidad de Cataluña con Madrid, Andalucía, Extremadura» y el resto de España. Una retórica cargada de metáforas que busca ocultar el pacto de poder que le ha llevado a la Generalitat.
Illa se dedicó a minimizar la confrontación separatista, afirmando que «el ruido se desvanece» y que la «verdad» y la poesía permanecen, poniendo al poeta andaluz como prueba de este presunto vínculo. Se trata de un mensaje dirigido a tranquilizar a Moncloa sobre el compromiso de Illa con la «convivencia».
El discurso del president se desvió hacia una retórica vacía de valores abstractos. Afirmó que defender la «verdad» hoy significa «defender los valores humanos», y se refirió a conflictos internacionales y a la defensa de los migrantes. Usó la entrega de un premio literario para hacer un alegato generalista propio de un mitin.
Según Illa, los migrantes no solo vienen a España para realizar trabajos duros, sino también para «mejorar» la sociedad. El líder socialista envuelve su política en un discurso de superioridad moral y defensa de la democracia, que define como un «acuerdo colectivo» que requiere el compromiso de todos.
El premiado, Luis García Montero, reconoció su emoción y destacó la importancia de Barcelona en su formación literaria. Sin embargo, en un momento de la gala, no pudo evitar la contradicción de la política de su partido. El director del Cervantes admitió que siempre le ha resultado difícil asumir que «se utilicen las lenguas maternas para crispar las relaciones políticas en territorios bilingües». Una afirmación que choca de frente con la política de exclusión del español que el PSC de Illa aplica en la Generalitat en sintonía con ERC.
En definitiva, la ceremonia de los Premios Blanquerna se ha convertido en un ejercicio de autocomplacencia socialista. Illa premia a un alto cargo de Sánchez, reforzando la narrativa de un «entendimiento» y una «fraternidad» que la Generalitat no aplica en la vida real, donde el español sigue siendo perseguido.
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