La inseguridad es uno de los azotes en la Barcelona que gobierna Ada Colau, en la que los índices de delincuencia no hacen más que subir, ante la pasividad del ayuntamiento que no ha tomado la lucha contra los robos como una de sus grandes prioridades.
Un comerciante de la zona turística del Born parece lanzar un grito de desesperación al dejar a la vista de los transeúntes, una vez cerrado el establecimiento, la parte de la caja registradora en la que se guardan los billetes y las monedas. Está vacía, como rogando a los delincuentes que no intenten forzar la puerta para llevarse un dinero que no existe. El mensaje está claro: «Señores ladrones, no fuercen la puerta, no tenemos un euro».
Ante la falta de seguridad de la ciudad, los comerciantes hacen lo que pueden para intentar no ser víctimas de robos y tener que afrontar, no solo el valor de lo sustraído, también los costes de las reparaciones causadas por los delincuentes.

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