Si hubiera que resumir el inicio de la campaña para las elecciones autonómicas en una frase, esta sería «barra libre para el separatismo». La Generalitat, en un nuevo ejercicio de su prevaricación continuada, ha vuelto a soltar (y ya van…) a sus «presos políticos» para que participen en mitines e intenten levantar la moral de su tropa, muy alicaída tras comprobar que sus negocios se están hundiendo por la horrible gestión de los partidos a los que apoyan. El «España nos roba» cuela hasta que el Govern te semicierra el bar mientras en Madrid están abiertos con cifras similares de contagios, y tu puesto de trabajo en un centro comercial peligra mientras una multitud se apiña con esteladas para apoyar al rapero Pablo Hasél.
Así tenemos a Cuixart, Forcadell, Junqueras y al resto de golpistas condenados predicando por platós, mitines y emisoras de radio. Hasta en el Parlament, porque el martes ‘Free Junqueras’ hizo una aparición estelar en la cámara catalana a la que fue de visita para abrazarse con el todavía presidente de la misma, Roger Torrent. El tema es demostrar que tienen impunidad, y que pueden hacer lo que les venga en gana, hasta juntar a centenares de personas saltándose las recomendaciones sanitarias en concentraciones separatistas mientras hunden con cierres y semicierres al comercio y a la hostelería.
TV3 ha apretado el acelerador a fondo para dar voz a la agitación secesionista, en la que los presos golpistas tienen un papel destacado. De tal manera que las cámaras de la televisión de la Generalitat se han convertido en apéndices de los presos golpistas. Parecen extremidades suyas, de tan sincronizadas que están con todos ellos, desde Junqueras hasta Cuixart.
La barra libre separatista se ha trasladado a los actos de campaña de VOX. No hay mitin o acto de esta formación que no sea escrachado por algunas docenas de radicales que al grito de «fascistas», y bien armados de grava, huevos, piedras o lo que sea menester, intentan evitar que se celebre con normalidad. Los partidos que gobiernan Cataluña lo ven como algo normal, ni lo comentan, ni tratan de evitarlo, ni lo condenan. Ya les va bien a ERC y JxCAT que los de Abascal reciban un trato ‘preferente’ por parte de los violentos. Que no exclusivo, porque en Cataluña no se libra nadie que se oponga al secesionismo.
Lo demás, sea el tema de los pactos, los pellizcos entre unos y otros, y los dimes y diretes son cuestiones menores. Lo mollar es que cómo el separatismo condiciona, con su violencia, con su mal uso de los medios públicos de comunicación, y con su prevaricación desde la Generalitat, una campaña electoral que dista mucho de ser limpia por la ventaja injusta con la que cuentan los partidos separatistas.
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