El impostor del feminismo

En estos días de pleno auge del feminismo resulta especialmente conveniente dedicar un breve tiempo a tratar de comprender de manera simplificada qué formas ha tomado en estos últimos años y cómo esto ha logrado confundir a una parte de la sociedad en cuanto a qué significa el feminismo.

A lo largo de su historia el feminismo ha sido reivindicado por distintos movimientos sociales y políticos que se han autoproclamado sus representantes. Y si bien es cierto que en rasgos generales todos ellos han defendido como principio último la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre, en la persecución de ese objetivo algunos han optado por distorsionar la realidad y presentarla como una lucha entre el hombre y la mujer.

El feminismo radical ha crecido notablemente en popularidad y en sus pretensiones de criminalizar al hombre ha logrado promover el odio hacia éste sobremanera. Y es que ya desde sus inicios sus abanderadas, varias de ellas traumatizadas por experiencias crueles y nefastas con hombres enfermos, se confundieron de responsables y hallaron en el hombre no a un amigo sobre el que apoyarse para hacer más efectiva la lucha contra el machismo, sino a un enemigo al cual achacar todos los males de la mujer.

Un ejemplo clarificador es el de la radical Andrea Dworkin, que movida por un rencor que probablemente pocos pueden albergar, es recordada por frases como “El feminismo es odiado porque las mujeres son odiadas”. Reducir la razón del rechazo de tantas personas al feminismo a “porque las mujeres son odiadas” es hacer de la parte el todo y es realizar un muy mal análisis de la situación. Y, sin embargo, esto es precisamente lo que hace un sector del feminismo que no pocos seguidores tiene.

En este sentido, nos encontramos con una parte del movimiento feminista que no es representativa del mismo, pues ni los medios que utiliza ni los objetivos concretos que se propone están en sintonía con la búsqueda de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Las consecuencias de esta apropiación ilegítima del feminismo son evidentes, una parte de nuestra sociedad ya no distingue entre feminismo y feminismo radical, por lo que atribuye al primero todos los males que el impostor ha traído consigo.

Por otro lado, grupos de ultraderecha disfrazados de moderados y provocadores profesionales con miles de seguidores que buscan repercusión y atención de los medios como el británico Milo Yiannopoulos con su famosa frase “Feminism is Cancer”, no ayudan precisamente a aclarar esta confusión. Confusión que provoca tristemente que la sociedad hable en dos idiomas distintos de problemas tan serios como la violencia doméstica, la discriminación laboral o el machismo y su relación con los anteriores.

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