
Desde hace demasiados años grupos de fascistas secesionistas dominan las universidades catalanas. Ante la inacción, cuando no la complicidad, de los equipos rectorales, centros de antaño prestigio como la UAB o la UB se han convertido en el campo de batalla de las bandas de la porra independentistas.
Este martes hemos visto cómo encapuchados coaccionaban e impedían que los alumnos que querían asistir a clase pudieran hacerlo. Estos grupos independentistas radicales, que no son más que unos pocos cientos dentro de las docenas de miles de estudiantes de las universidades catalanas, han impedido el libre derecho de ciudadanos a entrar en sus centros de estudio.
Estos centenares de fascistas que tienen secuestradas un buen número de facultades catalanas impiden que se celebren los actos que no les gustan. Recordemos como reventaron violentamente un homenaje a El Quijote que Societat Civil Catalana quiso celebrar en la UB con asistencia de expertos internacionales. O como intentaron impedir por la fuerza un acto de S’ha Acabat! en la UAB al que asistió Cayetana Álvarez de Toledo y Alejandro Fernández.
Estos centenares de fascistas llenan con sus proclamas de rencor y exclusión las paredes de las universidades, ante el miedo cobarde y el silencio de los equipos rectorales, que prefieren mirar hacia otro lado para evitarse problemas. El caso de la UAB es especialmente sangrante, y el campus de Bellaterra, si atendemos a la ‘decoración’ de sus fachadas es, directamente, el ‘campus del odio’.
Estos centenares de fascistas deciden, en nombre de docenas de miles de estudiantes a los que no escuchan, cuando hay clase, o no, en las universidades catalanas. Bloquean transportes públicos, carreteras, ponen barricadas en los accesos y amenazan a los que quieren recibir docencia ante la pasividad de los equipos rectorales.
La universidad catalana, que fue la punta de lanza de la resistencia contra el franquismo, ahora es cómplice de un nuevo totalitarismo: el ejercido por un puñado de ‘estudiantes’ (por decir algo) radicales que se han apoderado de los campus y las facultades.
Comentario editorial de elCatalán.es
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