El Espanyol mereció más en su visita a Elche pero un polémico penalti en el último suspiro le privó de una victoria que parecía amarrada. El conjunto perico saltó al Martínez Valero con la lección aprendida tras los tropiezos de este inicio de 2026.
La consigna era clara: máxima concentración y contundencia en las áreas. El plan funcionó pronto, ya que en el minuto 6, un gran pase profundo de Pol Lozano permitió a Kike García plantarse ante Dituro y definir con clase para establecer el 0-1. El Espanyol dominaba con serenidad y confianza, concediendo muy poco a un Elche que no encontraba huecos en el muro defensivo blanquiazul.
Sin embargo, cuando la primera mitad languidecía, la fortuna dio la espalda a los visitantes. Un centro de Germán fue interceptado por Cabrera, pero el despeje posterior de Pol Lozano rebotó de forma fortuita en la pierna de Aguado, introduciendo el balón en su propia portería. Una carambola que ponía las tablas justo antes de que Milla rozara el segundo en el descuento.
Tras el descanso, el Elche apretó y obligó a lucirse a Dmitrović, pero fue Carlos Romero quien rompió el partido con una genialidad. El lateral cazó un balón de Lozano, se perfiló y mandó un zapatazo imparable a la escuadra. Era el 1-2 y el Espanyol parecía lanzado hacia los tres puntos, pese a un gol anulado a Diang y la tensión vivida por un presunto insulto racista de Rafa Mir a Omar que detuvo el juego unos minutos.
El tramo final fue un ejercicio de resistencia donde Ramón Terrats estrelló un balón en el palo que pudo ser la sentencia. Pero en el minuto 90, la polémica estalló: el colegiado señaló un penalti por mano de Carlos Romero tras consultar el VAR, a pesar de que ninguna imagen mostraba con claridad la infracción. Rafa Mir no falló desde los once metros y puso el 2-2 definitivo. Pese a la expulsión de Pickel en el descuento, el marcador no se movió, dejando al Espanyol con un punto agridulce en un duelo donde hizo méritos de sobra para ganar.
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