De tanto en tanto me gusta hablar sobre el ‘oro del Barcelona’, una expresión que el mítico actor Manolo Morán usó en la película ‘Once pares de botas’, en el que interpretaba a un hincha del Club Deportivo Hispania, un ficticio equipo catalán que, efectivamente, suena mucho al Real Club Deportivo Espanyol, sobre todo porque era el rival ciudadano de otro equipo, en este caso no ficticio, el Fútbol Club Barcelona.
Morán, en un momento de la película, tras escuchar a un periodista radiofónico de indudable querencia azulgrana, no dudó en gritar que “estaba vendido al oro del Barcelona”. Ya en 1954 el concepto de “prensa culé” estaba en boga, y el poderío del Barça era evidente en la opinión pública, y publicada.
Ese “oro del Barcelona” es el que ha intentado acabar con la competencia deportiva de cualquier club que pudiera hacer sombra al Barça, y de ahí que ni Sabadell, Nàstic, Lleida o Girona hayan sobrevivido a sus intentos de consolidarse en la elite. Por mucho que los gerundenses se las prometan felices, también acabarán sucumbiendo.
Solo el Espanyol ha resistido en Cataluña durante décadas al “oro del Barcelona”, y hemos estado en 89 de las 954 temporadas que se han disputado en Primera División. Y lo hemos hecho por la fidelidad de nuestra afición, siempre dispuesta a ser la alternativa al pensamiento único deportivo.
A pesar de los errores de nuestros dirigentes, y de nuestra falta de ambición como socios del club, hemos aguantado. Y lo seguiremos haciendo, porque somos inmunes al “oro del Barcelona”. Aunque nos den veinticinco millones de euros por un portero que apenas ha jugado un año en Primera División seguiremos con nuestros habituales cánticos en contra del Barça, porque somos inmunes a su «oro».
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