
Villarreal es un destino grato para la afición perica por ser un desplazamiento cercano, con un montón de pueblos en el camino en los que comer decentemente y porque no acostumbra a haber problemas con la afición local. De hecho, los hinchas pericas acostumbramos a ‘okupar’ todos los bares de los alrededores del Estadio de la Cerámica sin ningún tipo de incidente.
El resultado deportivo es otra cosa: volvimos a palmar, como es tradición (1-0). De cómo fue el partido ya han leído bastante tras la jornada: no lo hicimos mal, pero no tan bien como para superar a un equipo bien armado y que se juega la clasificación para la Champions. Pero todo el desarrollo de la ‘invasión’ perica fue amable. Buena convivencia en la tienda del club, en los alrededores del campo, en los bares….
Era entrañable ver los inflables que el Villarreal puso para los niños al lado del estadio, y los diversos juegos que pensaron para ellos, mientras a diez metros los bares estaban abarrotados de aficionados del Espanyol entonando sus cánticos más populares. Había algo naïf que enternecía, de un fútbol que unía a las aficiones en la diversión previa a un encuentro, en un «disfrutemos ahora, ya veremos que pasa durante el partido».
Una de las cosas que me sorprendió es por qué el Villarreal no ofreció más entradas al Espanyol. La zona que acotaron para la afición perica tenía muchas más localidades que las seiscientas entradas que se sortearon. Había un buen número de asientos vacíos. Un día antes del encuentro era casi imposible encontrar entradas en la web oficial del Villarreal, pero luego solo hubo media entrada. Y eso que este club tiene un sistema de «asiento libre» por el que los socios pueden liberar sus localidades.
La caravana perica en Villarreal volvió a demostrar que el Espanyol es un club de hierro. Los seguidores nunca fallan, y cerca de mil quinientos espanyolistas se desplazaron a un campo en el que acostumbramos a perder y sin ser un encuentro a vida o muerte – la permanencia está casi conseguida cuando aún quedan quince puntos en juego -. La propiedad del Espanyol está en crisis permanente, pero los pericos siempre están ahí aguantando un club que se cae a pedazos ante la falta de ambición deportiva.
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