Para proceder a los cambios de nomenclatura de regiones, localidades y calles, es muy apropiado en un sistema democrático que se consulte a la ciudadanía. Aquí en España esto no se suele hacer, y si se hace, se comete un fraude incumpliendo el mandato del resultado. Por ejemplo en la reciente modificación del nombre de la plaza Virrey Amat por plaza Joan Salvat-Papasseit, no se realizó consulta alguna porque el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona, sabía positivamente que el resultado habría sido aclaparador a favor de mantener el nombre del virrey catalán del Perú.
Si se trata de realizar una consulta tampoco hay problema en contravenir la opinión mayoritaria popular, porque cuando el Ayuntamiento de Sant Carles de la Rápita, decidió someter a consulta popular el 12 de octubre de 2021 la supresión de «Sant Carles» o San Carlos si se prefiere, no se alcanzó el 20% de participación mínima requerida que se exigía para realizar el cambio de nombre, pero el alcalde de ERC ni corto ni perezoso, con el talante antidemocrático que caracteriza a los cargos de ese partido, decidió tirar por la brava y cambiar el nombre por La Ràpita contraviniendo el mandato popular.
Parece ser que nuestros vecinos franceses tienen más claro esto de respetar el mandato democrático, y es así como entre el 22 de junio y el 15 de agosto de 2026 se ha celebrado en el Departamento de los Pirineos Orientales, que coincide con los que geográficamente siempre se ha denominado Rosellón, y en la época del Reino Visigodo de Hispania se denominaba Septimania, una consulta ciudadana no vinculante para que la ciudadanía votase si quería mantener el nombre actual de Departamento de Pirineos Orientales, o el nuevo nombre de Pirineos Mediterráneos. o el nombre propuesto por entidades catalanistas de Departamento de Pirineos Catalanes. Para empezar está muy bien que se concedan veintitrés días para que las personas puedan emitir su voto, apagando quejas típicas de los abstencionistas como «ese día estaba fuera» o «me iba mal para ir a votar», o «tenía asuntos personales que me impidieron votar».
La caverna nacionalista desde la TV3, la Corpo, RAC1, el Avui y satélites digitales, nos han deleitado este verano con noticias repetitivas sobre la consulta, sobre la que tuvieron que reconocer que el nombre inicial propuesto por las entidades nacionalistas de ese territorio francés, teledirigidas desde Junts y ERC, de «Departament de la Catalunya Nord» o «Departament de País Catalá» no fue admitido entre los propuestos de la consulta.
El resultado que se ha hecho público el pasado viernes 29 de agosto de 2026, ha reflejado que el 47,21% de los votos han optado por mantener el nombre actual de Departamento de Pirineos Orientales, el 42,15% de los votos han sido favorables a Departamento de Pirineos Catalanes, y el 10,64% de los voto a Departamento de Pirineos Mediterráneos. También ha sido significativa la campaña del alcalde de Perpiñán, Louis Aliot de Rassemblement National de Marine Le Pen, a favor de la opción ganadora y continuista.
Sin embargo no ha sido este el único varapalo que se han llevado los catalanizadores, porque en junio del año 2016 tras un proceso de reforma territorial, que fusionó las antiguas regiones de Languedoc-Rosellón y Mediodía-Pirineos, tras otra consulta ciudadana realizada por internet, la denominación oficial de la región francesa de Occitania (Occitanie) arrasó en el escrutinio popular con el 44,9% de los votos, muy por delante de otras alternativas sugeridas como la de Languedoc-Pyrénées (17,8%), Pyrénées-Méditerranée (15,3%), y Occitanie-Pays Catalan que fue la gran perdedora con tan solo el 12,1%.
Mientras que aquí en España los separatistas han gozado siempre de alfombra roja para desplegar sus políticas destructivas, parece que en Francia eso lo tienen magro y muy complicado. Tendrá que venir el Institut de Nova Historia para decirles a los franceses que Joana de Arc o Napoleó eran catalanes.
Aún así para muchos franceses del Rosellón que ni siquiera saben hablar catalán, la identidad catalana solo les interesa para diferenciarse de sus vecinos del norte y del oeste, y sobre todo como reclamo comercial. Recuerdo en una ocasión hace ya bastantes años, cuando iba en coche con mi padre por esa zona del sur de Francia. Era la hora de comer y estábamos buscando un restaurante de carretera, cuando vimos un local repleto de banderas catalanas en el que en un letrero ponía «Cuisine catalane». Le dije a mi padre -«vamos a parar aquí, a ver si tienen mongetes amb butifarra y un bacallá a la llauna, y de postre por supuesto crema catalana que la pido en todas partes».
Nos sentamos y vino a servirnos la mesa un hombre que por su aspecto parecía el dueño. Le dije -Bon día- y me contestó -Bon jour monsieur- y me dejó el menú con dos platos de primero y dos de segundo: paella o tortilla de patatas de primero, y zarzuela de pescado o ternasco de segundo, y de postre torrijas y tarta de Santiago, para beber vino de Rioja o sangría. Otra anécdota de la cultura catalana mal entendida por nuestros vecinos franceses, fue un día en Prades donde pude ver como una banda interpretaba pasodobles, entre ellos Paquito el chocolatero, para recibir «la flama del Canigó».
El origen del nombre de los Pirineos Orientales (Pyrénées Orientales) que es el Departamento número 66, se remonta a la Revolución Francesa, concretamente al 4 de marzo de 1790 cuando la Asamblea Nacional Constituyente reestructuró por completo el mapa de Francia, eliminando las antiguas provincias para crear los departamentos actuales. El gobierno revolucionario resolvió denominar a los nuevos departamentos haciendo uso de elementos geográficos como ríos, montañas o costas, eludiendo los nombres históricos, feudales o identitarios que consideraba del Antiguo Régimen. Fue así como al extremo más al este de la cordillera de los Pirineos, se le asignó el nombre de Pirineos Orientales. A algunos les cuesta salir de la Edad Media y entrar en la Edad Contemporánea. No olvidemos que la Edad Contemporánea se inicia con la Revolución Francesa.
Juan Carlos Segura Just
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