A Puigdemont le han dado por muerto unas cuantas veces, y sigue dando mucha guerra, y de momento ha conseguido bloquear la investidura de Pere Aragonès, que tendrá que esperar para ver si consigue ser ‘president’, o conseguirá que ERC vuelve a perder el tren.
No vamos a dar consejos a los de Esquerra, que son un partido supremacista que busca convertir a más de la mitad de los catalanes en ciudadanos de segunda, pero harían bien en no confiarse demasiado en que el de Waterloo no saque, en el momento más oportuno, su enésimo conejo de la chistera.
Junts ha heredado el gen convergente del poder, que es lo que le falta a Esquerra para convertirse en el partido alfa del separatismo catalán. Ganar las elecciones autonómicas por los pelos no es suficiente. Se necesita una mala leche y una actitud que la de momento carecen.
A Esquerra Republicana se le de bien ningunear e insultar al constitucionalismo catalán y a España, pero liquidar a su hermano mayor, la neoconvergencia, aún no ha sabido hacerlo. O lo hace, o nunca será el partido del poder del separatismo.
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