El constitucionalismo catalán ha vivido un 2020 terrible, su desmovilización, no solo material a causa de la pandemia, sino moral, ha sido más que evidente. Su tejido social estaba bajo mínimos y parecía que la reacción que se produjo en el 2016 y 2017, cuando la Resistencia al secesionismo se fortaleció, se había acabado. Los errores, divisiones y falta de trabajo en común lo debilitaron.
Por suerte, en las últimas semanas han comenzado de nuevo las buenas noticias. Una iniciativa mediática modesta como ‘L’Hora Dolça’, la tertulia en streaming de Dolça Catalunya, ha conseguido una notable repercusión dentro de la Cataluña libre de nacionalismo, y se ha consolidado como una nueva voz de la Resistencia. Además, la intensificación de nuevo del trabajo de las brigadas de limpieza, que siguen trabajando de manera incansable para impedir que el separatismo se apropie de las calles y los edificios públicos, ha ayudado a esta reactivación.
Societat Civil Catalana, tras una época de letargo más o menos contenido, con errores y aciertos, ha vuelto por la buena senda con fuerza y acumula iniciativas de notable calado en las últimas semanas. A destacar, entre otras, la encuesta que certifica el escaso aprecio que los catalanes sienten hacia la inmersión lingüística escolar y la campaña para apoyar al candidato constitucionalista al rectorado de la UB. En este último caso no pudo impedir la victoria de la ANC, pero sus esfuerzos fueron muy meritorios y, sobre todo, indica el camino a seguir: apostar por personas que planten cara al separatismo en todos aquellos organismos y entidades que los rupturistas intenten colonizar. A veces se ganará, y otras se perderá, pero hay que intentarlo siempre.
El colofón ha sido el gran éxito que la Asamblea por una Escuela Bilingüe cosechó gracias a la masiva manifestación de vehículos del pasado domingo en Barcelona contra la exclusión del castellano como lengua vehicular en la enseñanza. A pesar del boicot de Ada Colau, con una Guardia Urbana que colaboró lo justo, por no decir otra cosa, miles de ciudadanos ocuparon las calles del centro de la capital catalana para defender la lengua común de todos los españoles.
El 2020 acaba con signos de esperanza dentro de la reactivación de la Resistencia al secesionismo. Ojalá sepamos aprovechar en el 2021 la división del separatismo, cuya proliferación de candidaturas para las próximas autonómicas, todas ellas jugando a ver quién presenta al candidato más lunático, otorga una gran oportunidad para avanzar. Solo la falta de unidad de acción del constitucionalismo puede evitar el sacar partido del caos en la trinchera independentista.
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