Hoy, 26 de mayo de 2021, en el Congreso de los Diputados de España, el señor presidente del Gobierno, doctor en economía o algo semejante, ha dicho: «Hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia». Esta es una barbaridad y representa una anomalía democrática de primer nivel. La absoluta falta de ética que encierra esta frase, proferida hoy en la respuesta del Sánchez a Casado requiere, para su comprensión, de una elevada dosis de cinismo, el mismo que arrastra el gobierno de España convertido hoy sí en un espejo cóncavo del separatismo catalán. Los socios de investidura del PSOE en el gobierno no llegan a los dos millones de votos, sin embargo, nos dan lecciones sobre democracia y la necesidad de “aplicar los valores constitucionales”.
Surgen muchas dudas respecto a las alocuciones que el señor Sánchez ha realizado desde ayer en lo relativo a conceptos como “venganza”. Aplicar la Justicia ante acontecimientos como los del 1-O no es una venganza, tampoco lo fueron los juicios de Nüremberg. Juzgar a los responsables del Golpe de Estado y posterior declaración que realizaron algunos políticos de Cataluña en 2017 es un hecho necesario en una democracia. No se puede dejar impune semejante ataque a la soberanía y orden constitucional. Es anómalo pensar y admitir que el juicio fue una venganza, ¿cómo comprar el discurso del señor Rufián? ¿en qué momento se perdió el sentido común?
El sentido de Estado exige del señor Sánchez dejar de emitir señales de humo para proteger a sus socios de gobierno con un infame y oportuno “indulto”. Hay que «naturalizar los indultos» dicen algunos ministros del gobierno y el presidente dice que la venganza y la revancha no son valores constitucionales. Ayer, Vicente Valles señaló que, como pseudo plagio del apóstol Pedro, nuestro particular presidente negó hasta cuatro veces la obligación de cumplir la ley y respetar la sentencia emitida por unanimidad de todos los miembros de la Sala segunda del TS.
Una pregunta que entra en examen para el gobierno: ¿Qué es la ley? ¿Qué juramento realizó ante el jefe del Estado el señor Sánchez? Hoy, como nuevo mandamiento, el gobierno y toda la maquinaria mediática nos quieren hacer ver y pensar que el máximo común de la democracia hoy en España es el cinismo; no la libertad, ni la ley, ni tan siquiera el matiz, no, puro cinismo. No es pasión de españolazo ni tan siquiera de constitucionalista, que diría la señora Arrimadas, la banalización de las palabras de Sánchez nos llevaría a no indultar al cinismo y eso, irremediablemente, nos empujaría hacia un espléndido, por frívolo, fin de un modelo de sociedad en la que la ley era señora y el delito algo a perseguir.
Por todo ello, EL CINISMO NO SE INDULTA, seamos coherentes y repitamos sin duda ni relativismos coyunturales esta frase. EL CINISMO NO SE INDULTA. Dejemos los ejercicios de prestidigitación para la fábrica de significantes de Iván y para Íñigo el centro del tablero de la ilusión totalitaria. Dejemos al señor Aragonés victimizarse nuevamente y caminar en la dirección contraria. Sánchez ha decidido sacrificar, con el hierro del cinismo, a la libertad y la ley. ¿dónde está Esquilo para narrarlo? ¿Castigan los Dioses?, Agamenón Sánchez. Déjelo.
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