Collboni quiere prohibir el alquiler turístico para que haya más viviendas alquilables en el centro de Barcelona. Hace propaganda para convencernos de que es lo razonable y necesario. ¡Grave error! Es la típica medida populista que parece que produce un beneficio, al menos a corto plazo y a determinados colectivos, y que en realidad perjudica a medio plazo a todos. Se van concatenando medidas, cada vez más demagógicas y letales, olvidando lo que ya está probado en todas las economías del mundo, la importancia de dejar actuar al mercado libremente. Para bajar el precio de algo lo mejor es fomentar un aumento de la oferta. A más oferta menor precio. Esto no falla.
Vimos en mi columna de hace unos días que para bajar el precio de la vivienda lo mejor era bajar el precio del suelo y para eso aumentar su oferta. Que haya más terreno urbanizable, que haya más libertad de promoción y se lleven menos dinero políticos y comisionistas. La repercusión del coste de urbanización medio en un m2 de vivienda son solo 300 euros. Dejemos en manos de la iniciativa privada la dotación de servicios comunes y se mejorará desde el saneamiento hasta la dotación de parques y colegios.
El precio de una vivienda en alquiler sube si hay que compensar el riesgo de ocupación sin pagar la renta, o de renovar el alquiler, aunque el propietario no quiera, porque hay menos propietarios que en esas condiciones quieren alquilar. Si la ley de alquileres fuese más flexible habría un rango de precios y de condiciones más amplio. Recordemos que cuando se permitió la actualización del alquiler con la variación del IPC aumentó la oferta de pisos en alquiler que se había reducido al mínimo con la renta fija franquista. Sí, la renta fija fue una medida fascista, estatista, como sería el ataque a la libertad de uso de la propiedad privada, restringiendo su uso para alquiler de corta duración. No sería una medida progresista, sino una medida reaccionaria.
El progreso es el crecimiento y la mejora para todos, no de unos a costa de otros. Es diversidad e inclusión. Se puede usar un alquiler corto para asistir a una feria o para tener un seminario de empresa. Lo califican de turístico, pero se usa por una gran diversidad de personas, para acompañar a un enfermo o para la última semana de una oposición. Que tontería es esa de fijar por ley si una duración o un uso o un número de contratos al año es bueno o es malo. Imagínate: no se puede hacer contratos de menos de siete días, o más de cinco contratos al año, salvo si son para mujeres en riesgo de exclusión. Que ganas de actuar inquisitorialmente, en plan dictador, es decir: esto lo puede hacer usted y esto no. Y eso es así porque lo digo yo que en esta comunidad de propietarios o autónoma tengo más votos. Y ¿si dentro de cuatro años tienen más votos los que prohíben que se use como residencial y la mayoría aprueba que sea solo para turístico? Ah no, eso no se puede prohibir; ah sí, empiezas por algo discutible y terminas donde nunca pensarías que se podría llegar.
Por favor, un poco de libertad para poder tener progreso, diversidad e inclusión para todos, no para sufrir la tiranía de mayorías muchas veces efímeras o por unos pocos votos. ¡Prohibido prohibir! El alquiler de corta duración es progreso, libertad y respeto a la propiedad de cada uno. Y es respetar la libertad de elección de quien lo alquila.
Colau en 2017 impuso una mora en hoteles. En 2024 los turistas se van al alquiler de apartamentos por unos días. Y si eso se prohíbe aumentará el número de días que están los cruceros en Barcelona, -en plan Piolín-, o los campings, o las autocaravanas o habrá menos turismo que, total, nos sobra y son un incordio. Y si el piso no se alquila para turismo, que no solo es por el precio sino por la flexibilidad de renovación y duración, se dejará vacío -ah, perdón, eso se soluciona prohibiendo de nuevo tener pisos vacíos- o para alquiler de oficinas. O se venderá, con lo que bajarán los precios, pero habrá menos incentivo para construir otros, porque ya no se pueden alquilar bien, y subirán los precios. Se llegará a un nuevo equilibro de mercado, pero con menos turismo, menos construcción de viviendas, menos pisos en alquiler y los que haya más caros.
Es que es así, si un propietario no lo quiere alquilar como vivienda, no lo hará. Se empieza prohibiendo una cosa, y luego otra y otra, cuando lo que hay que empezar es a dar más libertad. Es un sinfín de medidas para aparentar que los políticos están haciendo algo bien, cuando lo que tendrían que hacer es fijar un marco de actuación amplio y razonable y dejar que la iniciativa privada vaya encontrando su equilibrio. Si no se hace así se beneficia a corto plazo a ciertos colectivos a costa de otros, ni más ni menos. A medio plazo, salen todos perjudicados, porque habrá menos turismo y menos construcción de viviendas.
PS1 Algunos datos. El gasto medio diario del turista extranjero en Madrid es 294€ y en Barcelona de 176€. Octubre es el mes en que Madrid recibe más turismo, mientras que en Barcelona se concentra en el verano. El gasto medio por turista en España es de 1363€ y en Barcelona de 1095€. El número de turistas que llegan a España aumenta sobre 2019 en un 8%, pero Cataluña crece un 3% y Madrid un 13%. Y los datos de apartamentos turísticos son que Barcelona tenía 9606 en 2014 y 9411 en 2022 sobre un total de viviendas en alquiler de 290 000. Madrid tiene ahora 13 502 turísticos sobre un total de 300 000.
PS2 Algunas conclusiones. La incidencia de los turísticos sobre el total de apartamentos en alquiler es mínima, menos del 5%, excepto en uno o dos barrios centrales. El problema de Barcelona no son los apartamentos turísticos que han bajado y que no son la causa de un menor gasto por viajero. Madrid tiene más ingresos y una oferta de mayor calidad a pesar de tener más apartamentos turísticos en número absoluto y muchos más con relación al número de turistas. ¡Y si los que alquilan apartamentos de corta duración resulta que no son turistas barateros sino personas que gastan más de media que los turistas!
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