Aunque el partido contra el Elche devolvió la confianza, en parte, a una afición muy escamada, el ascenso a Primera no va a ser nada fácil. Nuestras carencias en defensa se paliaron contra los ilicitanos, pero ya llevamos demasiados accidentes durante la temporada como para confiarnos: lo de empezar los partidos perdiendo por dos o más goles tuvo gracia la primera vez, y esperemos que no vuelva a ocurrir.
Cuando la lista de partidos con goles regalados, o empanada general, es larga (Amorebieta, Eldense, Tenerife, Villarreal B, Sporting, Eibar y Huesca) conviene parar y meditar un poco. Más que nada porque aunque estamos a un punto del ascenso directo, nuestro objetivo real, la primera plaza, comienza a estar muy lejos tras la brecha que ha abierto el Leganés. Que, por cierto, nos dio un baño en nuestro estadio.
En Segunda no se está para disfrutar del buen fútbol, sino para dejarla atrás lo más pronto posible, ascendiendo y deseando no volver. La afición está respondiendo, y el equipo ha de estar a la misma altura. No hemos tenido un mal comienzo de campaña si nos comparamos con el que parecía rival imparable, el Zaragoza, pero si seguimos así de despistados no subiremos.
Hemos de estar enchufados a los partidos desde el primer minuto, y no basarlo todo en que la calidad de Pere Milla, Puado o Braithwaite compensarán los errores atrás, si los seguimos cometiendo. Si no mejoramos tendremos todos los números para acabar en el playoff. Y de cuatro solo sube uno. Ojalá Ramis encuentre la tecla para que la mayor calidad de nuestra plantilla se evidencie sobre el terreno de juego. Contra el Alcorcón tendrá una buena oportunidad para demostrarlo: el equipo ha de conseguir una victoria solvente y sin buscar excusas.
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