Carlos Mazón se ha convertido en el gran enemigo de los pancatalanistas que quieren convertir a Valencia en una sucursal de Barcelona, una colonia en la que los valencianos sean unos súbditos obedientes al separatismo catalán. A eso juega tanto los socialistas como sus aliados de Compromís. Mazón es el gran obstáculo de la ensoñación de los ‘Països Catalans’ e intentarán acabar con él al precio que sea.
La gestión de los primeros momentos de la DANA fue un desastre, tanto por parte del Gobierno de Mazón, como del Gobierno de Sánchez, y serán los valencianos que tendrán que juzgar en las urnas al presidente autonómico en función de lo acontecido esos días, y en función de lo que haga a partir de ahora para garantizar que la reconstrucción sea lo mejor y lo más rápida posible.
Queda claro que no será con el apoyo del Gobierno de España, ya que Sánchez se abona a «si quieren ayuda, que me la pidan» que es lo mismo que asegurar que hará todo lo posible para poner palos en las ruedas en los intentos de reconstrucción que Carlos Mazón lidere. De ahí que la izquierda y la extrema izquierda, ambas encamadas con el separatismo, estén usando de manera torticera el dolor de las víctimas y sus allegados.
La manifestación del pasado domingo en Valencia volvió a ser un ejercicio de sectarismo por parte de la ‘coalición progresista’, separatistas incluidos. Había más esteladas que gritos contra Sánchez, como si Carlos Mazón fuera el único responsable de la magnitud de la tragedia. El legítimo dolor de los que perdieron a sus amigos y familiares volvió a ser utilizado políticamente por los socialistas y sus aliados.
Sin querer disculpar al presidente valenciano, que nosotros sepamos el mando del Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, que tanto bien habrían hecho en las horas posteriores a la catástrofe y que no se desplegaron de manera adecuada, recae en el Gobierno de Sánchez. Porque tan trágica fue la magnitud de la DANA como la desaparición del Estado durante los días posteriores.
El PSOE está más preocupado en el ticket de la famosa comida de Mazón con una periodista que en cuestionarse porque el Estado – en manos de Sánchez – no se desplegó con toda su potencia justo después de la DANA. Algunos nos tememos, porque este Gobierno ha demostrado su escasa ética, que era para acabar con Mazón y con el PP valenciano para que el PSOE recuperara el control de la comunidad que perdió Ximo Puig. El tiempo dirá si nuestras sospechas son ciertas o no.
El separatismo catalán quiere la cabeza de Mazón a cualquier precio, y cualquier ciudadano que haya leído la prensa secesionista desde la tragedia de la DANA hasta hoy puede comprobarlo. En eso está Sánchez, en complacer a sus socios y, de paso, dar una estocada mortal a las posibilidades de alternancia en el Gobierno de España laminando al PP valenciano. De Mazón dependerá, si lleva a cabo, a pesar de los palos en las ruedas, una buena tarea de reconstrucción no solo su futuro político, sino el futuro de una España sin Sánchez en Moncloa.
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