La izquierda y el separatismo, en su línea tradicional de su pensamiento único que intentan imponernos a todos, han elaborado una terminología política que hace referencia al intento -que suele ser fallido- de aislar en las instituciones a los partidos políticos que ellos consideran antidemocráticos. A esta idea coactiva la denominan «cordón sanitario», y esta acepción contiene una base diabólica, porque se utiliza una terminología más propia de la medicina que de la política, pretendiendo identificar subliminalmente a un partido como Vox que ha irrumpido en el Parlament de Cataluña con once diputados, gracias a los votos de 217.883 catalanes, como si se tratase de una enfermedad o de una infección que se debe de aislar.
Tradicionalmente en Cataluña y en el resto de España, la izquierda y el separatismo han considerado que solo son democráticos los partidos políticos de su esfera, y en este «club democrático» han incluido a partidos como el Partido Popular y Ciudadanos que se han plegado a su discurso de ingeniería social, pero al aparecer en escena un nuevo partido como Vox, que niega la prácticamente totalidad de sus postulados impositivos, activan la señal de alarma para imponerle un cordón sanitario que en realidad es un «cordón antidemocrático», porque en un sistema parlamentario de derecho no se puede aislar a un partido democrático como Vox.
La Ley de Orgánica de Partidos de junio de 2002. establece dos preceptos básicos que impulsarían el proceso de ilegalización de un partido político: el apoyo a la violencia y el racismo. Pues bien por lo que se refiere al apoyo de la violencia, dirigentes y simpatizantes de Vox han sufrido agresiones y pedradas durante la campaña electoral de Cataluña, ante la pasividad de lo que ya se llaman «Mirones de Escuadra», que debidamente coordinados por la ‘Conselleria’ de Interior bajo el mandato de JxCAT han permitido esta clase de actos hostiles perpetrados por militantes y dirigentes de la CUP y de ERC. El otro aspecto invalidante que establece la Ley de Partidos, es la defensa de postulados racistas, y nada de eso hay en Vox porque para empezar en Cataluña su máximo dirigente es mulato, y además desde Vox se acepta de buen grado la llegada de hispanoamericanos porque son hermanos culturales, pero se rechaza la inmigración de algunos musulmanes, no por su raza, sino porque muchos de ellos son portadores de postulados salafistas e islamistas radicales que pretenden atentar contra nuestra nación. Por contra, estamos hartos de ver comportamientos netamente racistas en partidos como Junts, ERC o la CUP, pero no contra inmigrantes extranjeros, sino contra los mismos españoles.
Además y para colmo de los despropósitos, Vox es un partido defensor de la monarquía, la unidad de España y el orden constitucional, mientras que los «cordonistas sanitarios» de Junts, ERC, CUP y Comunes, rechazan la monarquía, quieren fragmentar la unidad de España e incumplen sistemáticamente la Constitución. Llegados a este punto y si partimos de esta palmaria clasificación, los únicos partidos que estarían en teoría legitimados para hacer un cordón sanitario en el Parlament de Cataluña, serían el PSC, Vox, PPC y Cs contra Junts, ERC, CUP y los Comunes.,
Además esta ansia de estigmatizar a una fuerza política, pretendiendo aislarla en un parlamento, no solo supone un atentado contra la soberanía popular, sino que esa estigmatización va cambiando a lo largo de los años. Es así como en la segunda legislatura del Parlament de Cataluña, cada vez que hablaba el portavoz de la entonces Alianza Popular los diputados de ERC abandonaban el hemiciclo. Luego vino el Pacto del Tinell que pretendía aislar al Partido Popular, luego le tocó a Ciudadanos hasta que tuvieron 36 siendo la primera fuerza, y como es lógico era complicado hacer un cordón antidemocrático al partido que había ganado las elecciones. Lo curioso de todo esto es que si hipotéticamente un partido neonazi consiguiese representación en el Parlament, con toda seguridad levantarían el cordón a Vox para implantárselo al nuevo partido que se convertiría en el nuevo payaso de las bofetadas, como antes lo había sido el PPC, Cs y luego Vox.
Afortunadamente Vox ha irrumpido en el Parlament de Cataluña con once diputados, dándole el sorpasso simultáneo a Ciudadanos y al Partit Popular Catalá, que ambos con sus nueve diputados se quedan a dos por debajo de Vox. Este fenómeno de implantación institucional a buen seguro se va a producir en el futuro en otros parlamentos regionales, pero lo realmente importante es que Vox ha entrado en el Parlament de Cataluña para dar lecciones de democracia a los se sienten dueños de las instituciones.
Juan Carlos Segura. Diputado en el Congreso.
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