La ola de calor que afecta a gran parte de España este verano ha generado un aumento preocupante de problemas de salud y de mortalidad, especialmente entre personas mayores y colectivos vulnerables. Según los datos de las autoridades sanitarias, entre mayo y julio se ha producido un incremento notable de muertes atribuibles al calor, lo que ha puesto en alerta a comunidades autónomas y servicios de emergencia. Esta situación obliga a extremar las precauciones y a seguir una serie de pautas básicas que pueden marcar la diferencia entre el bienestar y un riesgo real para la salud.
Uno de los principales consejos que repiten expertos y profesionales sanitarios es la necesidad de mantenerse hidratado a lo largo del día, aunque no se tenga sed. El agua debe convertirse en una compañera constante durante las horas de más calor, y conviene evitar bebidas como el alcohol, el café o los refrescos azucarados, que pueden aumentar la deshidratación. También se recomienda incorporar alimentos ricos en agua, como frutas, verduras y hortalizas frescas, que además aportan minerales esenciales.
Algunos alimentos se han convertido en protagonistas de esta campaña contra el calor por sus propiedades hidratantes. Es el caso del pepino, que contiene un 95 % de agua y se digiere fácilmente, o de la sandía y el melón, clásicos del verano por su capacidad para refrescar y nutrir al mismo tiempo. Incluir estos productos en la dieta diaria no solo ayuda a mantener los niveles adecuados de líquidos, sino que también contribuye a una mejor digestión y sensación de saciedad sin aportar calorías excesivas.
Mantener la vivienda fresca es otro de los pilares para hacer frente a las altas temperaturas. Durante las horas centrales del día, es importante mantener persianas y cortinas cerradas para bloquear la entrada del calor. Por la noche o a primera hora de la mañana, conviene ventilar para renovar el aire. Si se dispone de ventilador o aire acondicionado, es preferible usarlo con moderación y evitar los cambios bruscos de temperatura, ya que pueden provocar trastornos respiratorios o circulatorios.
Evitar salir a la calle entre las doce del mediodía y las seis de la tarde es una recomendación repetida por todos los servicios de protección civil. Si es necesario hacerlo, es fundamental vestir ropa ligera, de colores claros y tejidos transpirables, además de cubrir la cabeza y utilizar protección solar. También es aconsejable programar las actividades físicas o desplazamientos para las primeras o últimas horas del día, cuando la radiación solar es menos intensa.
Es importante saber identificar los síntomas de un golpe de calor, ya que su detección precoz puede evitar complicaciones graves. Mareos, dolor de cabeza, confusión, piel enrojecida o seca, náuseas e incluso pérdida de conciencia pueden ser señales de alarma. En esos casos, lo primero es llevar a la persona a un lugar fresco, hidratarla, enfriar su cuerpo con agua o paños húmedos y, si no mejora, contactar con los servicios de emergencia.
Las personas mayores, los bebés, las embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas son los grupos más vulnerables ante una ola de calor. También quienes trabajan al aire libre deben extremar las precauciones, incluyendo descansos frecuentes, hidratación continua y protección adecuada. Las administraciones públicas han activado medidas específicas, como los refugios climáticos, el reparto de agua gratuita en espacios públicos o las campañas informativas dirigidas a la población de riesgo.
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