Los ocho años del mandato de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona, seis de ellos con Jaume Collboni como teniente de alcalde, se caracterizaron por un aumento de la delincuencia y de los actos vandálicos en toda la ciudad de Barcelona. La impunidad se convirtió en santo y seña, sobre todo durante la noche y en jornadas festivas como las de la Mercè.
La penúltima hazaña de los vándalos se produjo el pasado sábado, de madrugada, en unas dependencias del alcantarillado y la distribución de aguas freáticas ubicadas en el paseo de Sant Joan. Allí unos desconocidos forzaron el acceso para montar un botellón y llenar la zona de pintadas. No hubo daños en la maquinaria presente en la instalación.
El consistorio de Collboni, que se ha mostrado incapaz de mejorar la seguridad de la ciudad, tendrá que destinar más de tres mil euros para borrar las pintadas y reparar los daños causados por la invasión de los vándalos a estas instalaciones. Este acto se produjo pocas horas antes de que más de sesenta personas celebraran una fiesta de cumpleaños vandalizando convoyes en el metro y las estaciones de Jaume I y Paseo de Gracia.
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