El sistema sanitario de Ceuta se encuentra al límite de sus fuerzas tras la reciente oleada migratoria. Las infraestructuras asistenciales de la ciudad autónoma sufren una saturación insostenible que evidencia la fragilidad de la respuesta estatal. El Colegio de Enfermería ha alzado la voz para alertar de la grave situación. Cada profesional debe gestionar de media más de doscientos casos al día, un volumen de trabajo inasumible para la plantilla actual.
Esta carencia de personal obliga a las enfermeras a doblar turnos de manera continuada. La acumulación de horas de trabajo está provocando un agotamiento físico y psicológico extremo entre las trabajadoras. El panorama epidemiológico agrava aún más la urgencia en los centros de salud. Sanidad ha detectado centenares de contagios de gastroenteritis aguda, a los que se suman decenas de patologías cutáneas como la sarna y el impétigo.
Lo más alarmante es la confirmación de varios casos de tuberculosis entre los recién llegados. Esta proliferación de enfermedades infecciosas demuestra el deterioro del control sanitario en la zona. En apenas dos semanas, la sanidad ceutí ha tenido que asistir a cerca de seis mil migrantes. Miles de personas han pasado por atención primaria, mientras que el hospital autonómico ha recibido una carga inusual de emergencias.
A pesar de que el flujo inicial de asistencias se ha reducido, la presión diaria continúa siendo inasumible. Frente a esta realidad, la ministra Mónica García insiste en hablar de un sistema únicamente tensionado, rechazando la existencia de un colapso evidente. Esta postura tibia del Ejecutivo contrasta con el clamor de los profesionales sobre el terreno. La representación de la enfermería exige al Gobierno la declaración del estado de alarma ante la absoluta escasez de recursos disponibles.
Asimismo, los colectivos sanitarios reclaman la creación urgente de un mando único que coordine las operaciones. La falta de una gestión centralizada y eficaz agrava el caos asistencial en la frontera sur. La labor médica se dificulta aún más al intentar realizar el seguimiento de personas dispersas en asentamientos informales. La ingesta de agua no potable y las precarias condiciones de vida hacen inevitable la aparición continua de nuevas infecciones, retratando la inacción de las autoridades.
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