TV3 es una eficaz maquinaria de reparto de dádivas en formas de encargos audiovisuales entre los productores ‘patriotas’, llámense Toni Soler o el dúo Jaume Roures – Andreu Buenafuente, por citar solo a los más conocidos. Este último ha facturado 216.000 eurazos a la televisión de la Generalitat por un monólogo — patético en mi modesta opinión — de una hora que se emitió durante la festividad de San Esteban.
TV3 es una eficaz herramienta de propaganda separatista. Tanto, que los nacionalistas la consideran solo suya, y de ahí que excluyan a más de media Cataluña. Más de trescientos millones de euros anuales – entre el presupuesto inicialmente aprobado y las sucesivas ampliaciones durante el año – cuesta a todos los españoles un medio de comunicación sectario que insulta a todos aquellos ciudadanos que no son secesionistas.
Medio en el que abundan personajes como Juliana Canet, la joven ‘inconformista’ que invitaba a participar en disturbios callejeros y que se define como ‘hija del procés’, o Jair Domínguez y su grito de ‘puta España’ tanto en antena como en sus redes sociales. A estos personajes todos los españoles le pagamos el sueldo con nuestros impuestos.
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