
La Bodega Aregall (Sant Ramon Nonat, 25. Barcelona. Metro Collblanc) está a un paso del Camp Nou, en el barrio de Les Corts, y es la típica casa de comidas de toda la vida, sin puñetas ni artificios. Ni los muebles están colocados según la práctica milenaria del ‘feng shui’, ni hay muebles de diseño escogidos según el estado de ánimo del propietario.
Aquí se come un menú económico del día de toda la vida, con su primero, su segundo y su postre. Con unas costillas de cerdo asadas tiernas que son todo un placer. O un arroz negro más que correcto. O un lacón con patatas resultón. Con carajillo te sale por menos de veinte euros y aún te da para dejar propina. Sin trampa ni cartón.
Aprovechen para visitarla antes de que cierre, porque es el tipo de establecimiento que acaba sucumbiendo en Barcelona a la especulación inmobiliaria o la enésima inauguración de un restaurante de hamburguesas de tofu. Mientras las casas de comidas como la Aregall aguanten es que aún queda esperanza en una Barcelona que está perdiendo su alma.
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