El independentismo nos vendía, en los principios del proceso secesionista, que todo lo que estaban montando iba de democracia, de poder votar y que todos los catalanes pudieran decidir el futuro político de la comunidad autónoma.
Aquellas palabras estaban completamente vacías, todo fue ‘muy bonito’ hasta que no se les dio la razón y la justicia junto a la democracia empezaron a actuar. Los fanáticos pretendían imponer su fuerza, a costa de pisotear los derechos de la mayoría de los catalanes. Cuando no se salieron con la suya, comenzó la violencia.
Un claro ejemplo nos lo ha dejado el diputado antisistema de la CUP, Dani Cornellà, quien al parecer únicamente quiere que sus ideas tengan representación en las instituciones catalanas. Todo un sibarita de la democracia. Todo comenzó con una intervención de Cornellà en la cámara catalana, los usuarios de X le afearon su vestimenta, un tanto impropia para el Parlament.
El político secesionista, en una de sus respuestas, nos ha dejado un claro ejemplo de lo que entiende por democracia al asegurar que: «Ay sí…El respeto a la institución seria expulsar fascistas sean de Vox o de partidos como el de Ripoll, de todas las instituciones«. Cornellà debería recordar que en las últimas elecciones catalanas, VOX obtuvo 217.883 votos, y fue la cuarta fuerza política en Cataluña.

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