‘Tiempo después’, la última película del Gran José Luis Cuerda, no es ‘Amanece, que no es poco’, pero se le parece bastante. No llega al nivel de casticismo costumbrista galáctico surrealista y genial de la obra cumbre de este director, pero si que se puede considerar un maravilloso sucedáneo, de esos que son buenos de verdad.
Vamos, que es la metadona para los que padecen el mono de ‘Amanece, que no es poco’, porque somos muchos los ‘yonkis’ de esta película que ya forma parte de la gran historia del cine español.
Cuerda, como él mismo ha confesado, hace lo que sabe, y del autor de ‘Amanece’ y ‘Total’ tenía que salir algo diferente, pero al mismo tiempo familiar. Todo en ‘Tiempo después’ es nuevo, y todo lo hemos escuchado.
Desde Morris (Daniel Pérez Prada), el genial guardia civil escocés, hasta un Carlos Areces estratosférico que da vida al Conserje con mayúscula, el reparto está muy a la altura. Hasta se le puede perdonar a Arturo Valls su más que conocido histrionismo. dado que da cuerpo a un barbero muy divertido. El guiso que prepara Cuerda a base del talento de un buen elenco de actores es espléndido.
Del argumento poco diremos, porque poco importa. La historia es un instrumento al servicio del talento de Cuerda para forjar personajes patéticos, entrañables y, al mismo tiempo, magníficos y crear unos diálogos que serán aprendidos por los más fans como si fueran letanías religiosas.
Al final es una historia en la que ganan los de siempre, y pierden los de siempre. Lo mejor es el viaje, la gracia con la que Cuerda nos relata la historia eterna de la humanidad. ‘Tiempo después’ es una buena excusa para volver a ver cine español, si usted lo había dejado harto de tener que buscar pepitas de oro entre la arenisca.
[campana]
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