Buena parte del secesionismo catalán (hay honrosas excepciones, pero alejadas del poder) destila una falsa superioridad consistente en intentar diferenciar lo “catalán-europeo” respecto a lo “español-tercermundista”, y por eso alimentan a un buen número de humoristas a los que pagan generosamente por emplearse a fondo.
El humor siempre ha sido un arma política de primer orden, de lo que hay numerosas pruebas a lo largo de la Historia de España, y hay que reconocer que TV3, y el resto de medios sufragados por el secesionismo, lo usan con mucha eficacia. Este lema de la “España rancia” es el complemento ideal del principal grito de guerra del independentismo catalán, el “España nos roba”.
Y Toni Soler – uno de los empresarios más beneficiados por TV3 – no es el único productor que sigue esa línea, porque se ha demostrado muy lucrativa. A más ataques a todo lo español, más posibilidad hay de triunfar en los medios de comunicación de la Generalitat.
Recordemos como Empar Moliner fue ascendida a co-presentadora de un programa informativo diario en Catalunya Ràdio pocas semanas después de quemar un ejemplar de la Constitución en ‘Els matins’, el programa matinal de TV3.
O como Jair Domínguez ha desarrollado una carrera estelar en la radio y la televisión autonómica desde que en 2005 simuló acribillar a balazos varios retratos, entre ellos el del entonces Rey Juan Carlos I o el del periodista Salvador Sostres, en el programa ‘Bestiari Il.lustrat’ emitido el 9 de octubre de 2012 en el Canal 33 de la televisión de la Generalitat. Son muchos (Joel Díaz, Magí García, Peyu, Juliana Canet, etc) los activistas independentistas que han hecho carrera gracias a prestarse como correa de transmisión del poder.
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