Les supongo conocedores del experimento del gato metido en la caja de Schröedinger. En términos muy básicos, la paradoja es que el gato dentro de la caja está vivo y muerto a la vez y su estado depende del observador que abre la caja.
Un amable tuitero sugería hace unos días que los catalanes que no comulgamos con el separatismo somos como el gato de la caja. Existimos en diferentes estados dependiendo de quién observa esa caja que nos aprisiona, y se nos trata en función de aquellos que echan el vistazo, más que por lo que somos o no.
Así, para el separatismo, a veces existimos y a veces no. Cuando quieren vender el relato de la Cataluña monolítica, de la sociedad sin fisuras que anhela la libertad y salir del malvado estado opresor, sencillamente no existimos.
Pero sí estamos vivitos y coleando con mucha maldad cuando representamos precisamente esa figura opresora, maltratadora y represora de la cual quieren liberarse. Entonces somos los colonos, los nyordos, los oscuros fascistas anclados en el franquismo, los de mentes cerradas y estrechas que llevamos en el adn la impronta de la España negra y corrupta que no tolera la pluralidad y la riqueza de la diversidad en todas sus formas.
La cosa no pinta mejor fuera del separatismo. Para los partidos que presumen de constitucionalismo y defensa del Estado de Derecho, existimos en función de si somos útiles o no. ¿Qué la coyuntura social y política nos hace necesarios para la gobernabilidad? Entonces somos una masa social que necesita ser movilizada para que acudamos a las urnas a dar la victoria electoral. Ahí no sólo existimos sino que además se nos acaricia el lomo y las orejas y se nos promete que no volveremos a la caja nunca más.
¿Qué las circunstancias hacen que no seamos imprescindibles porque prefieren pactar la gobernabilidad con los separatistas? Pues a la caja y se nos aplican los distintos estados alternativos que nos confiere el separatismo o la izquierda, que son observadores de comportamientos similares.
Y así estamos. Vivos y muertos a la vez. Necesarios y prescindibles al mismo tiempo. Catalanes y extranjeros simultáneamente en nuestro propio país. Hasta que nos cansamos y de vez en cuando rompemos la caja y declaramos nuestra existencia, como el 8 de octubre de 2017.
Habrá que volver a demostrarlo una vez más, porque la física cuántica es compleja, pero nuestra realidad es más sencilla que todo lo que nos quieren imponer: Somos catalanes y por tanto españoles. Y exigimos que se nos trate como iguales al resto. Ni más ni menos.
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