La triste fotografía de Ramon Condal, entonces presidente del RCD Espanyol, en octubre de 2012, sosteniendo la camiseta del Espanyol en un acto de pre-campaña electoral de Convergència i Unió revestido de acto oficial de apoyo a las selecciones catalanas es un claro ejemplo del camino que nunca debe seguir el club.
Una de las constantes más negativas de la etapa de Daniel Sánchez Llibre como presidente, primero, y como máximo accionista, después, fue el utilizar el Espanyol para favorecer sus intereses políticos, siempre defendiendo la causa de la oficialidad de las selecciones deportivas catalanas, dado que su hermano era diputado de CiU.
La introducción de la ‘senyera’ en la camiseta fue otro ejemplo de la forma de actuar sibilina del estilo Sánchez Llibre, que se empeñó en acabar con el lema «solo la bandera blanquiazul» tan querido por buena parte de la grada perica. Primero pusieron la ‘senyera’ en la parte interior del cuello, luego en la exterior.
De la misma manera que otros clubes buscan ser ‘algo más’ y representar unas ideas políticas, el Espanyol siempre se había destacado por ser una entidad sólo deportiva, que apostaba por una masa social plural. Y ese es el camino que hemos de recuperar, ya que en nuestra grada hay anarquistas, comunistas, nacionalistas catalanes, nacionalistas españoles, socialistas, conservadores y todas las ideologías posibles. Y sólo nos unen unos colores, los blanquiazules. No tenemos que hacernos ‘perdonar’ nada por los nacionalistas.
En Cataluña hay centenares de miles de ciudadanos que están hastiados de la mezcla entre fútbol y política que ha hecho el Barça, hecho que se ha incrementado durante la presidencia de Joan Laporta al frente de este club. La utilización que han hecho estos dirigentes para poner al equipo más poderoso de Cataluña al servicio de sus intereses políticos e ideológicos ha molestado a muchos. Por eso hemos de volver a ser un club apolítico, para hacer gala de cómo nosotros no pretendemos meternos en la conciencia de nadie.
Con Chen vamos por el mismo camino y seguimos con esta mala política. En vez de no ofender a nadie, el club felicita la Diada y no el 12 de octubre. Y en la Ciudad Deportiva Dani Jarque ondean las banderas del Espanyol y la de Cataluña. Pero no la de España. Como si Cataluña fuera una realidad alejada de España. Y, por supuesto, en muchos de los actos oficiales que el club organiza la `senyera’ está siempre presente, y la rojigualda muy de vez en cuando. O todas, o ninguna.
¿De qué nos ha servido tanto querer satisfacer al nacionalismo catalán? No podemos retener a nuestros mejores jugadores por la falta de recursos, nuestra decadencia deportiva va a más y tenemos un peso mediático ínfimo. Hemos ‘politizado’ el club y el RCDE no ha ganado nada con ello. Salvo pelearnos entre nosotros.
Compartimos la pasión por un club de fútbol, nada más. Y hemos de presumir de ello y darlo a conocer al máximo para atraer al mayor número de aficionados que sólo desean disfrutar del fútbol, sin tener que defender ninguna ‘causa’ política. No queremos ser el equipo que representa una ideología, ni un país. Sólo somos una entidad que apuesta por el buen fútbol, la gente formada en casa y la pluralidad deportiva. ¿Solo la blanquiazul? Sí, pero en serio. Nada de «la blanquiazul y la ‘senyera’ también». O las tres banderas, o solo una, la del RCD Espanyol.
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