Una de las malas costumbres de algunos partidos políticos consiste en no quitar la propaganda electoral una vez se han celebrado los comicios, o en retardar durante semanas el retirar los carteles de las farolas. La CUP es especialista en este comportamiento reprochable, al menos en la ciudad de L’Hospitalet de Llobregat, en la que es habitual encontrar carteles de esta formación hasta meses después de la convocatoria con las urnas.
En varios carteles de esta formación en la muy céntrica Rambla de Just Oliveras aparecieron, después de las elecciones autonómicas del 12-M, unos pequeños carteles publicitarios de una charcutería. A fin de cuentas, si los políticos dejan indebidamente su publicidad durante semanas, ¿por qué no va a servir de soporte para otras iniciativas ciudadanas o empresariales?
Nos queda la duda de que tuvo más éxito entre los ciudadanos que han contemplado esos carteles, si el voto para «defensar la terra» o el obsequio que dicho establecimiento prometía a los visitantes por su segundo aniversario. ¿Qué convenció más a los hospitalenses, el «un altre país és possible» de la CUP o el jamón de dicha charcutería? Sea como sea, las propuestas antisistema y los ricos embutidos convivieron en paz y armonía durante unos días.
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